Un sábado de película… de terror en la carretera
Parece que la carretera federal 45, a su paso por el pintoresco municipio de San Francisco de los Romo en Aguascalientes, decidió que este sábado a las 7:00 AM era el momento perfecto para montar su propia versión de un parque de choques, pero con vehículos de verdad. El resultado: al menos 21 actores involuntarios en esta función, que terminaron con más moratones que aplausos.
En este espectáculo pirotécnico de chatarra y cristal, los protagonistas absolutos fueron dos autobuses turísticos que, irónicamente, iban rumbo al santuario de San Juan de Los Lagos. Algo nos dice que los pasajeros hicieron sus primeras oraciones mucho antes de llegar. Completaban el elenco dos tráileres, porque ¿qué sería de una carambola en México sin la presencia imponente de un camión de carga?
La coreografía del desastre
Las autoridades, en un arranque de creatividad detectivesca, sugirieron que el pavimento mojado por las lluvias “pudo tener relación” con el incidente. ¡Toma ya! Qué perspicacia. Casi como deducir que el agua moja. La teoría oficial es que una de las unidades, no se sabe cuál porque todas estaban ocupadas en no chocar, perdió el control. Una descripción técnica magistral para un evento que, seguramente, fue una mezcla perfecta de velocidad, condiciones adversas y tal vez un WhatsApp que no podía esperar.
El conductor de uno de los autobuses, un señor José Luis de 55 años, decidió que la forma más dramática de llegar al Hospital General de Zona número 3 del IMSS era a bordo del helicóptero Fuerza 1, en un glamuroso código rojo. Su vehículo, un Irizar gris procedente de Matamoros, Tamaulipas, llevaba 47 almas a bordo. De ellas, 19 tuvieron el dudoso honor de ser revisadas por los servicios de emergencia. ¡Todo un récord!
Pero no podíamos dejar toda la acción en un solo autobús. El otro, un Marcopolo amarillo conducido por Noé N. de 49 años, de Torreón, no se quiso quedar atrás. Su conductor también merecía un paseo en helicóptero, aunque para no ser repetitivos, lo trasladaron en el helicóptero Halcón Uno. Porque nada dice “logística eficiente” como tener que desplegar dos aeronaves para dos conductores. En esta unidad viajaban 50 personas, porque en el mundo del turismo religioso, el exceso de capacidad es casi un dogma.
Los cameos inesperados
¿Y los tráileres? Ah, sí. Los pesados de la función. Un tractocamión Kenworth blanco, manejado por Uriel N. de 30 años, de Jalisco, tuvo la suerte de salir ileso después de que los paramédicos lo evaluaran y decidieran que no ameritaba atención. Su vehículo, presumimos, sirvió como muro de contención improvisado. El otro camión, un International naranja de la empresa Grado Alimenticio, conducido por Manuel N. de 41 años, de Durango, ni siquiera se inmutó. Su conductor no presentaba lesiones, probablemente porque su carga de alimento grado… algo… lo protegió como un escudo divino.
La movilización fue, por supuesto, titánica. Ambulancias de la Cruz Roja, Bomberos, Protección Civil y del Instituto de Salud del Estado acudieron al lugar para auxiliar a las víctimas. Una pena que tanta coordinación no pueda prevenir estos desastres, pero al menos el espectáculo de luces y sirena debió ser impresionante.
Al final del día, tenemos un pavimento mojado, más de veinte lesionados, dos viajes en helicóptero y una lección que, seguramente, nadie aprenderá: en carretera mojada, más vale ser tortuga que liebre. Pero, ¿qué importa? Total, siempre nos quedará el consuelo de que la Cruz Roja y los equipos de emergencia están ahí para recoger los pedazos… literalmente.
¿La próxima vez que llueva y vayas en la carretera? Tal vez reconsideres esa velocidad. O no. Al fin y al cabo, la fe mueve montañas… y a veces, autobuses.
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