El Salvador de los “Felices Arbolitos” al Rescate… Otra Vez
Parece que los felices arbolitos de Bob Ross no solo crecen en paisajes idílicos, sino que ahora también están siendo desbrozados para salvar a la televisión pública estadounidense. En una jugada que combina nostalgia pura y un toque de desesperación filantrópica, treinta de las obras creadas por el icónico pintor de cabello afro y voz de seda serán subastadas. El objetivo declarado es sufragar los costos de programación de esas pequeñas estaciones rurales que, oh, sorpresa, sufrieron los inevitables recortes en la financiación federal. Porque, claro, ¿qué mejor manera de sostener un servicio público que vendiendo arte a los postores más adinerados? La ironía de que un servicio destinado a ser universal ahora dependa de la benevolencia del mercado del arte es simplemente deliciosa.
Joan Kowalski, presidenta de Bob Ross Inc., nos recuerda con una solemnidad que casi podemos palpar que Ross “dedicó su vida a hacer que el arte fuera accesible para todos”. Es una declaración tan conmovedora que casi hace olvidar que ahora necesitas una cuenta bancaria considerablemente abultada para ser uno de esos “todos” que se llevan a casa un pedazo de su legado. ¡Qué manera tan encantadora de mantener viva su misión! Esta subasta, nos aseguran, “garantiza que su legado continúe apoyando el medio que llevó su alegría y creatividad a los hogares estadounidenses durante décadas”. Traducción: el espectro de su afro rizado y su filosofía de los “accidentes felices” será usado para tapar los agujeros que deja una administración que, al parecer, considera la cultura un lujo prescindible. ¿No es reconfortante?
La Máquina de Subastas se Pone en Marcha
La casa de subastas Bonhams, con sede en Los Ángeles, tendrá el honor de iniciar este desfile de pujas el 11 de noviembre. Pero no se preocupen, queridos coleccionistas y magnates con remordimientos; si no pueden llegar a la costa oeste, habrá más oportunidades en Londres, Nueva York, Boston y, por supuesto, en línea. Porque en el siglo XXI, hasta la salvación de la cultura pública se puede conseguir con un clic y una tarjeta de crédito. Lo más loable de todo es que todas las ganancias serán donadas a las estaciones que utilizan contenido del distribuidor American Public Television. Es un gesto tan altruista que casi, casi, logra que ignoremos el hecho de que el sistema está tan roto que necesita que se vendan cuadros de hace 40 años para pagar la factura de la luz.
La idea central, nos explican con paciencia, es ayudar a las estaciones con las tarifas de licencia. Sí, esas fastidiosas cuotas que permiten emitir programas populares como “The Best of Joy of Painting” (el programa que hizo famoso a Ross, en un meta-bucle existencial), “America’s Test Kitchen”, “Julia Child’s French Chef Classics” y “This Old House”. Imagínense el panorama: una pequeña estación en el medio de Nebraska, agobiada por las deudas, pudiendo respirar aliviada porque un magnate pagó dos millones de dólares por un paisaje con un río “feliz”. Es como una fábula capitalista moderna, donde el arte se convierte en el caballero de brillante armadura que rescata a la damisela en apuros, que en este caso es un transmisor de televisión con problemas de liquidez.
Uno no puede evitar preguntarse, en un arrebato de especulación cómicamente innecesaria, qué pensaría el propio Bob de todo esto. ¿Aprobaría con una sonrisa serena este uso de sus creaciones? ¿O soltaría uno de sus suspiros característicos mientras mezclaba un nuevo tono de azul para el cielo, preguntándose si al final todo se reduce al dinero? Es casi poético: el hombre que enseñó que no existen errores, solo “accidentes felices”, ahora es la pieza clave para enmendar el “accidente” de la desfinanciación cultural. Su legado, construido sobre la accesibilidad y la calma, se convierte en un producto de lujo para mantener a flote la institución que lo catapultó a la fama. La vida, amigos, tiene un sentido del humor tan retorcido como ingenioso.
Así que prepárense para una temporada de subastas donde el murmullo de los martillos competirá con el eco de la voz de Bob Ross animándonos a pintar “montañas majestuosas”. Un espectáculo tan surrealista como conmovedor, donde la herencia de un hombre tranquilo se transforma en el salvavidas dorado para un pedazo fundamental de la cultura estadounidense. Porque en estos tiempos extraños, a veces la esperanza no viene en forma de un cheque del gobierno, sino de un paisaje con árboles increíblemente felices que alguien, en algún lugar, está dispuesto a comprar por una pequeña fortuna.
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