Porque la tierra tembló, pero la junta militar sigue firme (como un muro de hormigón)
Ah, el terremoto de magnitud 7,7 en la escala de Richter que sacudió Myanmar (o Birmania, como prefieran los nostálgicos del colonialismo) el 28 de marzo. Por si la guerra civil, el golpe de Estado y la represión no fueran suficientes, la naturaleza decidió sumarse a la fiesta con un movimiento telúrico que, según los últimos cálculos, ha dejado 3.085 muertos, 4.715 heridos y 341 desaparecidos. Vamos, un día normal en el calendario de desgracias birmano.
Y las cifras siguen subiendo… como la incompetencia del gobierno
La televisión estatal MRTV, esa fuente de información tan confiable en un régimen militar, asegura que las labores de rescate son “complejas”. ¡Vaya revelación! Cuando medio país está en ruinas y el otro medio está ocupado reprimiendo protestas, claro que es difícil contar cadáveres. Eso sí, el Ejército, experto en hacer desaparecer opositores, ahora no puede encontrar a 341 víctimas bajo los escombros. ¿Ironía? No, solo Myanmar.
Por si alguien lo había olvidado (como si fuera posible), el país lleva sumido en el caos desde que los militares decidieron que las elecciones de 2020 eran demasiado democráticas para su gusto. Así que, entre balas y terremotos, la población local debe elegir qué le mata primero: la violencia política o un edificio derrumbado. ¡Decisions, decisiones!
¿Moraleja? Cuando la tierra tiembla y los gobernantes también, el resultado es un cóctel de tragedia y absurdo digno de una película de terror… pero sin final feliz.
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