El ‘efecto Mencho’ en las encuestas
Los números son fríos, pero a veces hablan claro. Según una encuesta de El Financiero, la aprobación de la presidenta Claudia Sheinbaum pegó un brinco del 68% al 76% justo después del operativo en Jalisco que terminó con Nemesio Oseguera Cervantes, alias ‘El Mencho’. Promediando todo febrero, se queda en un sólido 72%.
La acción recibió un visto bueno masivo. El 82% la calificó de buena o muy buena. Incluso la cooperación con Estados Unidos, basada en intercambio de inteligencia, fue vista con buenos ojos por el 58% de la gente.
Ante la premisa de que en el operativo se abatió a ‘El Mencho’, el 77% consideró que las acciones del gobierno son las correctas.
Parece un triunfo rotundo para el relato oficial, ¿no? Pero aquí es donde mi cinismo entrenado hace preguntas.
La otra cara de la moneda: el miedo a lo que viene
Porque los mismos números que celebran el golpe también muestran el temor latente. El 76% cree muy o algo probable que el crimen organizado responda con más actos de violencia. Solo uno de cada cinco piensa que no pasará nada.
Es como aplaudir un golpe magistral… mientras se mira con nerviosismo hacia las sombras, esperando la revancha. La memoria colectiva no olvida cómo suelen funcionar estas cosas.
La percepción sobre el manejo general de la seguridad pública mejoró cinco puntos, hasta el 45%. Un avance, sí, pero aún lejos de ser una nota aprobatoria contundente. En el rubro específico de combate al crimen organizado, la opinión positiva se duplicó tras el operativo: del 12% al 24%. Aún baja, pero el salto es significativo.
Sobre la muerte de 25 elementos de la Guardia Nacional durante la acción, los sentimientos están divididos: 58% sintió agradecimiento u orgullo, frente a un 40% que expresó enojo o coraje.
Mientras tanto, en otros frentes, la economía dio un respiro a la gestión con un repunte del 48% al 56% de aprobación. La corrupción, ese viejo fantasma, se mantuvo estancada entre el 16% y 17%. Nada nuevo bajo el sol.
En resumen: El gobierno capitalizó políticamente un éxito táctico. La ciudadanía lo premió con mayor aprobación, pero sin bajar la guardia. Saben que derribar a un rey no siempre acaba con el reino. La partida continúa y el tablero sigue siendo peligroso.




