La angustia bajo tierra
Un silencio pesado cae sobre la sierra de Cacalotán, en El Rosario, Sinaloa. No es el silencio de la paz, sino el de la incertidumbre. Cuatro hombres están atrapados bajo toneladas de tierra y roca tras un derrumbe al interior de una mina.
La noticia llegó a cuentagotas, como suele pasar en estas zonas donde la señal se pierde entre los cerros. Fue el pasado jueves por la tarde. Más de once compañeros lograron escapar cuando una parte de la galería cedió. Pero cuatro se quedaron atrás.
Una carrera contra el reloj
Las familias son las únicas que han podido dar alguna pista. A través de ellas se sabe que hay esfuerzos por llegar a los atrapados. Pero es una operación delicada, peligrosa.
Roy Navarrete Cuevas, titular de Protección Civil del estado, confirmó lo esencial: “se espera puedan ser sacados con vida estos trabajadores”. Sus palabras son un faro de esperanza oficial en medio del caos.
Pero no hay garantías. La empresa minera ya trabaja en el lugar, pero las autoridades están enviando refuerzos: equipo y personal especializado. Es una apuesta por la vida en un escenario donde cada minuto cuenta.
La comunidad respira con ansiedad, pendiente de cualquier novedad. En estas tierras, los mineros no son solo trabajadores; son vecinos, padres, hermanos. Su drama es colectivo.
Mientras tanto, bajo la montaña, cuatro hombres esperan. Arriba, sus familias y un equipo de rescate libran su propia batalla contra la geografía y el tiempo.




