El saldo que no se ve tras la tragedia en las pirámides
La escena en Teotihuacán ya está limpia para los turistas. Pero en tres hospitales del Estado de México, el episodio de ayer sigue escribiendo su capítulo más doloroso. Siete personas que recibieron impactos de bala continúan entre paredes blancas, monitores y suero.
En el Regional de Alta Especialidad de Ixtapaluca luchan cuatro. Los reportes oficiales dicen ‘estables’. Pero una palabra se cuela entre la fría terminología médica: delicada. Una vida pendiente de un hilo, aunque con ‘evolución controlada’. ¿Controlada para quién? Para los doctores, quizás. Para una familia, es una agonía en cámara lenta.
En Axapusco, otro herido evoluciona ‘favorablemente’. En un nosocomio privado, dos más. Todos bajo vigilancia constante. El sistema de salud pública y el privado unidos en esta triste tarea de recomponer lo que un instante de locura destrozó.
La Secretaría de Salud informó que seis personas fueron dadas de alta, “tras presentar evolución favorable”.
Seis almas pudieron volver a casa. Seis familias recuperaron el aire. Pero son seis cuerpos que llevarán para siempre las marcas físicas y mentales de lo ocurrido a los pies de la Pirámide de la Luna.
El número total lo dice todo: trece impactados. Trece vidas interrumpidas por los disparos de un hombre de 27 años que luego decidió su propio final. La Guardia Nacional lo neutralizó, pero no pudo evitar la tragedia.
Mientras los titulares pasan, estas siete personas siguen en su propia batalla. Lejos del reflector mediático, lejos de las pirámides. En la soledad fría de una habitación de hospital, donde el verdadero costo de estos eventos se mide en silencio y dolor.




