El ‘Plan B’ de Sheinbaum: Más ojos sobre el dinero político
La presidenta Claudia Sheinbaum lanzó su jugada. En lo que llama su ‘Plan B’, busca meter a la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) en el juego electoral. La idea es simple, pero potente: si el INE lo pide, los expertos en rastrear dinero podrían entrar a investigar el origen de los recursos de campaña.
“Que tenga que haber fiscalización. En el caso de que el INE lo solicite, pues incluso de la Unidad de Inteligencia Financiera para poder revisar el origen de los recursos”, declaró Sheinbaum desde Palacio Nacional.
Su objetivo declarado es claro: cazar posibles desvíos de fondos públicos o dinero de dudosa procedencia antes de que llegue a las urnas. Es una propuesta que, en papel, pone la lupa donde duele: en la chequera.
Pero el plan no se queda solo en la vigilancia del flujo de efectivo. Sheinbaum también quiere recortar privilegios desde arriba. Plantea un tope salarial simbólico: que ningún dirigente partidista o servidor público gane más que la propia presidenta. Además, promete uniformar bonos y seguros médicos para todos.
Es un movimiento que mezcla control financiero con un mensaje populista de austeridad forzada. “Menos privilegios y más transparencia”, repite como mantra.
Y hay un segundo acto en esta obra. La mandataria revivió el tema de la revocación de mandato, proponiendo que pueda realizarse entre el tercer y cuarto año de gobierno. En su caso, eso apuntaría a 2027 o 2028.
¿Una muestra de confianza o una jugada calculada para desactivar críticas por adelantado? En el teatro político, cada anuncio tiene múltiples lecturas. Por ahora, Sheinbaum pone sobre la mesa su visión para vigilar el dinero que mueve a la política mexicana.




