Sheinbaum y el arte de no mover lo que (supuestamente) ya está en su sitio
En un giro que nadie vio venir –bueno, quizás todos–, la presidenta Claudia Sheinbaum ha salido a vender las virtudes de su más reciente fichaje. Se trata de Esthela Damián Peralta, la nueva cabeza visible de la Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal. ¿Sus credenciales? Según la propia mandataria, es honesta, trabajadora y, lo más importante, no altera el sagrado feng shui de la paridad en el gabinete. Porque, claro, en la alta política lo primero es mantener el decorado.
Desde el majestuoso (y siempre fotogénico) Palacio Nacional, Sheinbaum explicó con la seriedad de quien revela una ley de la física que designó a una mujer para “no mover la paridad”. Una paridad que, por cierto, según sus propias palabras, ya está inclinada a favor de las mujeres. Un razonamiento impecable: nombras a alguien para no cambiar algo que ya es desigual, pero a tu favor. La lógica política, amigos, es un campo de minas retóricas.
Una trayectoria tejida con hilos de confianza (y proximidad)
Pero no pensemos que esto es un capricho. ¡Para nada! La señora Damián no es una cualquiera. Lleva trabajando con Sheinbaum desde 2018, cuando esta era jefa de gobierno de la Ciudad de México. Pasó por el DIF y por la secretaría particular. O sea, ha estado en la trinchera, ha pasado por el filtro de la lealtad y ha demostrado que puede manejar desde un paquete de despensa hasta la agenda de la jefa. ¿Qué mejor preparación para lidiar con la Corte y el Diario Oficial de la Federación?
Sheinbaum, en un arranque de detallismo administrativo, nos iluminó sobre las vastas responsabilidades de la Consejería: todo lo jurídico del gobierno, la publicación de decretos, la relación con la Fiscalía General y el Tribunal de Justicia Administrativa. Un puesto menor, sin importancia, como quien se hace cargo de la fotocopiadora. Y para este monumental desafío, la elección recae en alguien cuya virtud principal –además de la honestidad y el trabajo– es “llevarse bien con todos”. Porque en el complejo mundo del derecho administrativo y constitucional, lo que realmente importa es el carisma.
En resumen, nos encontramos ante un nombramiento que huele a confianza probada, a círculo cercano y a una obsesión casi matemática por mantener unas estadísticas de género que suenan bien en los discursos. ¿Funcionará? Sheinbaum no tiene dudas: “va a hacer un excelente trabajo”. Y ella, que siempre ha destacado por sus precisas predicciones científicas, seguramente no se equivoca. O al menos, eso espera el país.
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