El arte de ignorar las propias reglas
Ah, la ironía. El Gobernador Samuel García, ese adalid de la transparencia y la legalidad, ha decidido que las normas son como los semáforos en Monterrey: sugerencias opcionales. Resulta que los nombramientos que hizo en las coordinaciones de su Gabinete no solo huelen a nepotismo, sino que violan descaradamente la ley que él mismo impulsó. ¿Autosabotaje? ¿Desmemoria? ¿O simplemente el clásico “haz lo que yo digo, no lo que yo hago”?
La ley que nadie leyó (incluyendo a su creador)
La Ley Orgánica de la Administración Pública del Estado, ese documento que el emecista presumió como su gran logro, establece claramente que las coordinaciones deben ser ocupadas por titulares de las Secretarías. Pero, ¿para qué seguir reglas aburridas cuando puedes improvisar? Según el Artículo 18, el Gobernador debe apoyarse en tres gabinetes integrados por las Secretarías. El Artículo 19 añade que la coordinación debe estar a cargo de una de ellas. ¡Qué detalle tan inconveniente!
Pero Samuel, siempre innovador, decidió que la ley es como un menú: puedes saltarte los platos que no te gustan. De las tres designaciones que hizo el 11 de junio, dos son tan legales como un billete de Monopoly. Miguel Flores, su compinche de confianza, coordina el Gabinete de Buen Gobierno sin tener siquiera un cargo formal. ¿Licencia como diputado? ¡Bah, detalles! Mientras tanto, Daniel Acosta, titular de Participación Ciudadana (que pertenece al mismo gabinete), fue designado coordinador del Gabinete de Igualdad. ¿Confuso? Imagínense al abogado que tuvo que explicar este rompecabezas.
La defensa: “Es que el Gobernador puede lo que quiera”
Un abogado consultado, probablemente con cara de incredulidad, señaló que estas designaciones no son congruentes con la ley. Pero, ¡sorpresa! El titular del Ejecutivo simplemente pasó por alto el procedimiento. Total, ¿para qué molestarse en seguir “la única regla que mandata la ley” cuando tienes poder absoluto? Al menos Federico Rojas, Secretario del Trabajo, cumple los requisitos para coordinar el Gabinete de Riqueza Sostenible. ¡Una de tres no está mal! (Bueno, sí lo está).
Así que aquí estamos, viendo cómo un gobernador incumple su propia ley mientras nadie hace nada. ¿Habrá consecuencias? Probablemente no. Pero al menos nos queda el consuelo de reírnos ante tanta contradicción política. Porque, como diría García: “Las reglas son importantes… excepto cuando me estorban”.
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