La Pandilla recupera su esencia con una paliza
Tras semanas de dudas y malos resultados, Rayados necesitaba un golpe en la mesa. Y vaya que lo dio. Con Nicolás Sánchez dirigiendo desde el banquillo por primera vez, el equipo salió a comerse la cancha.
El ambiente en el vestidor cambió. Se notó desde el primer minuto. Monterrey jugó con una intensidad que hacía tiempo no veíamos, como si alguien hubiera apretado un botón de reinicio.
Luca Orellano rompió la sequía con un auténtico riflazo al minuto 40 que estalló en el arco rival.
Ese gol fue la liberación. La grada explotó y los jugadores parecieron quitarse un peso enorme de encima. Cuando un equipo recupera la confianza, se vuelve peligroso.
Canales y Tecatito encendieron el motor
El segundo tiempo fue puro espectáculo. Sergio Canales demostró por qué es un jugador distinto, con esa visión y calidad para el pase final. Y luego llegó el momento mágico.
Jesús “Tecatito” Corona encontró el ángulo perfecto para soltar un zapatazo seco desde el semicírculo.
Ese golazo del Tecatito al 84′ fue para enmarcar. Pegó en el poste y se metió como si tuviera ojos. Cuando los talentos individuales brillan así, todo se hace más fácil.
Orellano cerró la noche con su doblete, pero lo importante no fueron solo los goles. Fue la actitud, la entrega, ese hambre que había estado ausente.
Ahora viene lo bueno: el Clásico Regio. Con esta inyección de confianza, Rayados llega transformado al partido que todos esperamos. La Pandilla despertó justo a tiempo.




