Operación diplomática en zona de alto riesgo
Las cifras ya tienen nombre. 121 personas mexicanas han salido por vía terrestre desde varios países de Medio Oriente, según el reporte más reciente de la Secretaría de Relaciones Exteriores. El canciller Juan Ramón de la Fuente tiene a sus equipos trabajando contra reloj.
Las embajadas siguen abiertas, pero están en estado de alerta permanente. Es ese punto donde la rutina diplomática se transforma en operación de rescate. Cada escritorio, cada teléfono, se convierte en un puesto de mando improvisado.
“Este número va a ir en aumento, toda vez que hay más personas que ya están programadas para salir con apoyo y por gestiones de nuestras embajadas”, confirmó la Cancillería.
Los corredores humanitarios son frágiles. La SRE analiza “con cuidado cada situación en lo particular” para garantizar que esas rutas funcionen con seguridad. Hasta ahora, el balance es alentador: ningún mexicano ha resultado físicamente afectado.
Los héroes sin capa
Detrás de cada número hay rostros. Los diplomáticos mexicanos desplegados en estas zonas son hoy mucho más que funcionarios.
“Su profesionalismo y vocación de servicio han sido determinantes en las labores de asistencia y protección que realizan”, reconoció Relaciones Exteriores.
Mientras algunos duermen en oficinas convertidas en dormitorios improvisados, otros coordinan convoyes terrestres que atraviesan fronteras tensionadas. Es el teatro diplomático en su acto más peligroso y humano.
La evacuación continúa desde Irán, Israel, Jordania, Líbano y Qatar. Cada hora cuenta. Cada decisión pesa como plomo. El escenario es volátil, pero la misión es clara: traer a casa a quienes están atrapados lejos del hogar.




