El FMI lanza una advertencia clara: la geopolítica está estrangulando la economía
Justo antes de sus reuniones de primavera con el Banco Mundial, el organismo ha actualizado sus perspectivas. Y no son buenas. Todos los escenarios que barajan conducen a lo mismo: precios más altos y un crecimiento más lento.
La guerra está ensombreciendo las perspectivas de economías que apenas empezaban a respirar tras otras crisis. La pregunta ya no es si habrá impacto, sino cuánto durará.
Un golpe directo al bolsillo de todos
En un blog publicado este lunes, los economistas del Fondo pintan varios futuros posibles. En uno breve, los precios del petróleo y el gas se dispararían antes de que los mercados logren ajustarse.
Pero el escenario más preocupante es otro. Si el conflicto se prolonga, mantendría la energía cara y perjudicaría gravemente a los países que dependen de las importaciones.
“Si los elevados precios de la energía y los alimentos persisten, impulsarán la inflación a nivel mundial”, advierte el texto.
El mecanismo es simple y brutal. Los altos costes del transporte y de las materias primas acaban trasladándose al precio final de todo lo que compramos. Desde la comida hasta cualquier servicio.
El riesgo real: que nos acostumbremos a la inflación
Aquí está el verdadero peligro, según el análisis firmado por Pierre-Olivier Gourinchas y otros altos directivos del FMI. No es solo la subida inmediata.
Es el riesgo de un círculo vicioso. Si la gente y las empresas empiezan a creer que la inflación se quedará para rato, lo incorporarán a sus salarios y precios. Romper esa dinámica después requiere una desaceleración económica mucho más dolorosa.
Por eso su alerta es tan grave. La guerra no solo encarece la vida hoy. También siembra la semilla para que los problemas duren mañana, especialmente en países que acababan de controlar sus cifras.
La recuperación global, ya de por sí frágil, tiene ahora un nuevo obstáculo monumental. Y esta vez no es una crisis financiera, sino geopolítica.




