Cuando las cajas de inversor traen más que buenos rendimientos
Ah, la Aduana de Veracruz, ese lugar donde la burocracia y la emoción se mezclan como… bueno, como mariguana escondida en mercancía de exportación. Resulta que los marinos, esos héroes anónimos que revisan contenedores con la misma pasión con la que uno revisa el correo spam, se toparon con un cargamento de 346 kilos de hierba. No, no del tipo que se planta en el jardín.
El hallazgo, digno de un capítulo de Narcos pero con menos tiroteos y más papeleo, ocurrió durante una inspección de rutina. Porque claro, ¿qué mejor manera de pasar el tiempo que revisando cajas declaradas como “inversores”? Entre tanto aburrimiento, alguien notó que dos rejillas estaban obstruidas por una placa metálica. ¡Sorpresa! Dentro había una sustancia verde seca que, spoiler alert, no era perejil.
Los perros también hicieron su agosto
Para no dejar lugar a dudas (por si acaso alguien pensó que era té de manzanilla), llegaron tres binomios caninos. Sí, esos perritos que huelen drogas mejor que nosotros el café de la mañana. Con su ayuda y equipo especializado (léase: máquinas que hacen ruidos sospechosos), confirmaron lo obvio: alguien intentó exportar felicidad empaquetada.
La Fiscalía General de la República, siempre lista para estos dramas, inició las investigaciones. Seguro están descifrando si el culpable fue un cártel o un emprendedor muy creativo. Mientras tanto, la Secretaría de Marina se queda custodiando el alijo, probablemente preguntándose si esto cuenta como “producto orgánico”.
¿Moraleja? Si vas a exportar mariguana, al menos declárala como “producto artesanal”. Podría funcionar… o no.
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