El lanzamiento más controproducente de su carrera
Parece que Emmanuel Clase, el cerrador de los Guardianes de Cleveland, ha estado practicando un nuevo tipo de lanzamiento: el de su reputación por la ventana. Con una elegancia que solo un tres veces All-Star puede permitirse, el dominicano se presentó en un tribunal federal de Brooklyn para declararse inocente de los cargos que lo acusan de amañar sus propios pitcheos. Porque, ¿qué es más divertido que lanzar una bola a 100 mph? ¡Lanzar tu credibilidad profesional al vacío por unos cuantos miles de dólares!
El relevista, que normalmente se especializa en cerrar juegos, ahora se encuentra en la incómoda posición de tener que abrir su pasaporte y entregarlo a las autoridades. Su nueva libertad, valorada en la módica suma de 600,000 dólares, viene con algunos pequeños inconvenientes: no puede apostar (qué sorpresa), debe usar un rastreador GPS (por si decide hacer un lanzamiento sorpresa en Las Vegas) y sus viajes están limitados a Nueva York y Ohio. Básicamente, el mismo régimen de libertad condicional que seguirías si hubieras robado una tienda de dulces, pero con cerraduras un poco más elegantes.
El arte de fallar a propósito
Según los fiscales, Clase había perfeccionado un talento especial: lanzar mal de manera consistente. Resulta que comenzó a proporcionar información privilegiada sobre sus pitcheos en 2023, pero esperó hasta 2025 para pedir dinero. Porque en el mundo del fraude deportivo, la paciencia es una virtud, ¿no? Su técnica favorita era asegurarse de que su primer lanzamiento en un turno al bate golpeara el suelo, garantizando así que se marcara como bola. Una estrategia tan sutil como un elefante en una cacharrería, pero aparentemente efectiva para quienes apostaban contra su propio rendimiento.
El momento más cinematográfico de este drama legal ocurrió durante un juego contra los Medias Rojas de Boston en abril. Según la acusación, Clase habló por teléfono con uno de los apostadores justo antes de subir al montículo. Minutos después, dicho apostador y sus amigos ganaban 11,000 dólares apostando a que Clase lanzaría por debajo de 97.95 mph. Porque nada inspira más confianza en un atleta que saber que está coordinando su rendimiento con sus socios criminales momentos antes de realizar su trabajo.
Pero el buen Emmanuel no quería disfrutar solo de esta fiesta de la deshonestidad deportiva. Según los fiscales, reclutó a su compatriota Luis Ortiz para que se uniera al complot, creando lo que podríamos llamar el “dream team” de la deslealtad beisbolística. A veces incluso proporcionaba el dinero inicial para las apuestas, demostrando que cuando se trata de delinquir, Clase es un jugador de equipo hasta el final.
La defensa más creativa desde “el perro se comió mi tarea”
Su abogado, Michael Ferrara, presentó lo que podríamos llamar la defensa del “buen chico forzado a regresar”: argumentó que Clase había vuelto voluntariamente a Estados Unidos para enfrentar los cargos, en lugar de hacer que los fiscales buscaran su extradición. “Sus acciones hablan más que las palabras”, declaró Ferrara. Claro, porque volver voluntariamente a enfrentar cargos federales es exactamente lo mismo que no haber cometido el delito en primer lugar.
Mientras tanto, las Grandes Ligas, que aparentemente habían estado mirando hacia otro lado hasta que el escándalo estalló en sus narices, han decidido implementar nuevas restricciones sobre las apuestas de lanzamientos individuales. Un poco como cerrar el establo después de que se escaparon los caballos, pero con más abogados y ruedas de prensa.
Este espectáculo lamentable se une a una creciente lista de escándalos de apuestas en el deporte profesional estadounidense, todo gracias a ese maravilloso fallo de la Corte Suprema de 2018 que legalizó las apuestas deportivas. Porque ¿qué podría salir mal cuando combinas atletas millonarios, enormes sumas de dinero y la posibilidad de apostar sobre cada minúsculo aspecto del juego?
Los cargos más graves contra Clase y Ortiz conllevan una posible pena de hasta 20 años de prisión, lo que significaría un cambio de carrera bastante abrupto: de lanzar pelotas a posiblemente recibirlas en un contexto muy diferente. Mientras tanto, los fanáticos se quedan preguntándose cuántos de esos emocionantes juegos que vieron fueron auténticos y cuántos fueron coreografiados para el beneficio de unos cuantos apostadores en la República Dominicana.
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