Un Año de Caos: La Cruda Realidad que los Diputados No Pueden Ignorar
Parece que fue ayer, pero ya cumplimos un aniversario que nadie quería celebrar: un año entero del recrudecimiento de la violencia en Sinaloa. Y como en una mala temporada de tu serie favorita que se alarga demasiado, los diferentes grupos parlamentarios finalmente alzaron la voz (sí, con un año de retraso, pero hey, mejor tarde que nunca) para externar su –tómese la palabra con pinzas– solidaridad con las familias de las más de dos mil víctimas de este spin-off de Narcos que nadie pidió. En este conflicto absurdo, han sido asesinados más de 50 menores de edad. Cincuenta. Una cifra que duele más que un hangover de domingo.
En la sesión de la diputación permanente del Congreso del Estado, los representantes de las diversas fuerzas políticas por fin externaron su preocupación por la situación que se vive. Fue en ese marco que el diputado Sergio Torres Félix, de Movimiento Ciudadano, soltó la perla del día: “el miedo se ha vuelto costumbre entre la población, sobre todo en Culiacán”. No, amigo, el miedo no es una costumbre, es el pan de cada día. Es checar las redes para ver por qué calles no pasar antes de salir de casa. Es el nuevo normal, y es una pesadilla.
Criticó –con toda la razón– que ante el impacto diario de las balaceras, con familias desaparecidas, comercios cerrados y ataques incluso en instalaciones del Gobierno del Estado (sí, como el reciente en la Unidad de Servicios estatales), no se percibe una respuesta contundente. Es como si los responsables estuvieran viendo otro canal.
Las Cifras que Duelen Más que un Match Fantasma
En su intervención, Torres Félix destacó que en esta “guerra sin sentido”, han caído bajo las balas más de cincuenta menores de edad, así como casi cincuenta policías. El escenario es dantesco: miles de negocios cerrados y el turismo, en la capital del estado, se encuentra prácticamente paralizado. Adiós a los fines de semana en Mazatlán y hola al encierro voluntario.
Pero por si creías que ya lo habías visto todo, José Antonio González, diputado local del PAN, soltó la bomba numérica: el impacto de la violencia ha dejado más de dos mil asesinatos, casi la misma cifra de desaparecidos (sí, leíste bien) y más de siete mil vehículos despojados. ¿El resultado? Una pérdida de 25 mil empleos y dos mil negocios cerrados. Básicamente, la economía local está en la UCI.
La legisladora local del PRI, Irma Guadalupe Moreno Valle, añadió su dosis de realidad: “lo que tanto se criticó y negó, de la percepción externa de inseguridad en esta entidad, ahora se vive en carne propia”. Los ciudadanos, a un año de esta disputa, aún no vislumbran una salida. Y la Cámara de Comercio lo confirma: tres mil negocios han cerrado en los últimos doce meses, representando una pérdida económica superior a los 36 mil millones de pesos, solo en el municipio de Culiacán. Eso es mucho, mucho dinero, incluso para los estándares de un capítulo de ‘Dinero de Sangre’.
Marchas, Política y una (Dudosa) Reducción de Delitos
En medio de este panorama desolador, el diputado local del PVEM, Rodolfo Valenzuela Sánchez, respaldo a los ciudadanos que marcharon en demanda de la Paz, pero observó con escepticismo el uso político que se da a estas expresiones sociales. Porque, seamos honestos, en tiempos de crisis, hasta la solidaridad puede tener un tinte partidista.
También destacó –y esto es como encontrar un aguacate perfecto en el supermercado, algo raro pero no imposible– que las estrategias de la federación y el estado presentan resultados positivos, como una reducción a los índices de delitos como el homicidio y el robo de vehículos. Un rayo de esperanza en este mar de caos, aunque muchos ciudadanos aún esperan ver esa mejora en sus calles.
Por su parte, el diputado de MORENA, Ambrosio Chávez Chávez, intentó poner las cosas en perspectiva recordando épocas anteriores, donde hubo años con más de dos mil 250 homicidios. Una suerte de “ha estado peor” que, seamos sinceros, no consuela a nadie. En el texto que leyó, defendió las políticas públicas de los gobiernos de la Cuarta Transformación, medidas que –en teoría– abonan a la construcción de la paz mediante el combate a la pobreza y la desigualdad. Un discurso esperanzador, pero que choca frontalmente con la realidad que se vive a pie de calle.
Al final del día, las cifras hablan por sí solas: miles de víctimas, negocios quebrados, familias destrozadas y una población que ha aprendido a convivir con el miedo. Un año después, la pregunta que todos se hacen es: ¿cuándo llegará la verdadera paz a Sinaloa?
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