El espectáculo democrático en Insurgentes: gritos, acordeones y camionetas “machuchonas”
Mientras el Senado de la República se preparaba para el sublime ritual de la toma de protesta de los nuevos jueces y magistrados –electos mediante ese misterioso proceso que algunos insisten en llamar “voto popular”–, el escenario trasero del recinto ofrecía una función paralela mucho más entretenida. Ahí, los siempre creativos integrantes de la Resistencia Civil Activa y Pacífica (RECAP) montaban su propio show de crítica ciudadana, porque ¿qué sería de la democracia sin alguien gritando consignas ingeniosas contra ella?
El repertorio vocal de la tarde incluía joyas como “¡Acordeón, acordeón, burla a la nación!” y el clásico atemporal “¡Juez votado, corrupto asegurado!”. Uno casi esperaba que sacaran un single discográfico. No contentos con señalar a los juzgadores de “traidores a la patria”, los manifestantes también dedicaron sus energías a regañar a las camionetas “machuchonas” que osaban circular por Insurgentes. Porque, seamos claros, en la lucha por la justicia, todo vehículo con apariencia robusta es sospechoso.
La matemática del descontento y las perlas retóricas
En un despliegue de análisis estadístico callejero, Porfirio –portavoz del grupo– explicó con la precisión de un matemático borracho la esencia de su protesta: el resultado de la elección judicial es “idéntico al de un acordeón” y la probabilidad de que esto ocurra es, según sus cálculos, “bajísima”. Claro, porque todos sabemos que la democracia debe parecerse a una partida de póker, donde los resultados impredecibles son la norma, y no a, digamos, un proceso con candidatos y votos.
Pero la joya de la corona en el discurso de Porfirio fue la clasificación de Morena como “narcopartido terrorista”. Una etiqueta tan sutil y matizada que hasta los más exquisitos estrategas de marketing político envidiarían su contundencia. ¿Hiperbólica? Quizá. ¿Effectiva para captar titulares? Absolutamente.
Y por si alguien dudaba de la imparcialidad de los nuevos integrantes de la Suprema Corte de Justicia, el buen Porfirio aclaró que no garantizarán la mejora en la impartición de justicia porque son “partidistas”. Porque, evidentemente, los jueces anteriores eran conocidos por su etérea desconexión de toda ideología y por tomar decisiones en una cámara de vacío existencial, nunca influenciados por… bueno, por nada.
Respecto al Primer informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, la reflexión fue un maestro en escepticismo: “hablan bonito, pero nunca dicen la verdad. Lo que dijo, ya sabemos que siempre mienten“. Una postura que, sin duda, deja la puerta abierta al diálogo constructivo y al entendimiento mutuo.
En resumen, fue una tarde donde la democracia mexicana mostró sus dos caras: la solemne y protocolaria dentro del Senado, y la gritona, creativa y delirantemente entretenida en la calle. ¿Quién dijo que la impartición de justicia no puede ser un espectáculo mediático?
¿Coincides con la peculiar metodología de protesta? Comparte esta nota y difunde el surrealismo político en tus redes sociales. Explora más contenido sobre la fabulosa farsa de la vida pública nacional en nuestro sitio.




