El drama del crucero maldito llega a su fin
Los últimos pasajeros del MV Hondius, el crucero que se convirtió en trampa flotante por un brote de hantavirus, finalmente pisaron tierra firme el lunes. Y no fue un adiós tranquilo: volaron a más de 20 países para cumplir cuarentena.
Una mujer francesa se convirtió en el último caso confirmado, mientras un estadounidense espera resultados definitivos tras pruebas iniciales positivas. La OMS, que ya había sonado alertas, trató de calmar aguas: “No hay nada que temer, esto no es otro COVID”, dijo Tedros.
¿Cómo se desató este lío?
Tres personas murieron. Seis están contagiadas o bajo sospecha. Y aunque el hantavirus normalmente no salta entre humanos, la variante de los Andes —la que circulaba a bordo— sí puede hacerlo en casos raros. El barco salió de Ushuaia el 1 de abril, y el primer pasajero falleció diez días después. Pero la OMS no reaccionó hasta principios de mayo, cuando ya navegaban frente a Cabo Verde.
El capitán Jan Dobrogowski, en un video, pidió respeto y elogió la “perseverancia” de pasajeros y tripulación. Pero muchos se preguntan: ¿por qué tardaron tanto?
¿Qué pasó con los pasajeros?
Los vuelos comenzaron el domingo. En Tenerife, personal con trajes de protección escoltó a los viajeros. Algunos llegaron a hospitales de élite, como el Centro Médico de la Universidad de Nebraska, que tiene unidad de biocontención. Otros, como la pareja en Atlanta, están siendo monitoreados.
“El solo hecho de que alguien tenga síntomas no significa que vaya a terminar teniendo esta enfermedad”, dijo el doctor Brendan Jackson de los CDC.
Pero la desconfianza está servida. Expertos acusan al gobierno de EE.UU. de respuesta lenta. El secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., respondió: “Tenemos esto bajo control”. ¿De verdad?
La cuarentena no es opcional
Tedros recomendó 42 días de aislamiento para los pasajeros que regresan, pero la OMS no puede obligar. Cada país maneja su monitoreo como quiere. Mientras, el barco sigue rumbo a Rotterdam con 25 tripulantes a bordo.
La pareja holandesa que inició todo había viajado por Argentina, Chile y Uruguay antes de subir. Visitaron zonas donde vive la rata que porta el virus de los Andes. ¿Casualidad? Difícil.
El riesgo para la población general es bajo, insisten las autoridades. Pero para quienes estuvieron a bordo, el miedo ya viajó con ellos.




