La Profepa le declara la guerra al tráfico de pericos, loros y guacamayas
La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) no está jugando. Lanzó una campaña con eslóganes que más parecen amenazas de barrio: “Si no me dejas volar… ¡te cae la voladora!”, “Si yo voy a una jaula… ¡tú te vas al bote!” y “Si me llevas a tu casa… ¡te llevan al baile!”. El mensaje es claro: tener estas aves como mascotas es delito.
Y no es para menos. En México, 22 especies de psitácidos están en la cuerda floja. Sus poblaciones han caído en picada en las últimas tres décadas, víctimas de la captura ilegal y la destrucción de sus hogares naturales. La Profepa recuerda que el artículo 60 Bis 2 de la Ley General de Vida Silvestre prohíbe su aprovechamiento extractivo. Solo instituciones académicas acreditadas pueden obtener permisos, y solo con fines de conservación o investigación.
La temporada de anidación, un imán para los traficantes
De marzo a mayo, cuando estas aves están criando, el comercio ilegal se dispara. La demanda no se conforma con especies criadas en cautiverio; son las poblaciones silvestres las que pagan el pato. La Profepa lo dice sin rodeos: “El comercio ilegal es impulsado por la demanda sin control de mascotas; sin demanda, se acaba la extracción ilegal”.
Así que ya sabes: si alguien te ofrece un loro, piensa dos veces. No solo estás comprando un animal, estás alimentando una cadena delictiva que está dejando a estas aves al borde del abismo. Y, de paso, te arriesgas a que “te lleven al baile”.




