Un Renacer Sanitario en Tierra Morelense
En el corazón de Cuernavaca, bajo un cielo cargado de simbolismo, se escribió este domingo un capítulo épico en la lucha por la salud del pueblo. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, con la determinación de quien libra una batalla final, accionó la llave que devolvió la vida al otrora moribundo Hospital General “Dr. Carlos Calero Elorduy” del ISSSTE. Este no fue un simple acto protocolario; fue la materialización de una promesa, un golpe certero contra la herencia de abandono neoliberal que por lustros condenó a la oscuridad a este bastión sanitario. Más de 157 mil almas, derechohabientes esperanzados, vieron cómo se iluminaba de nuevo la puerta que durante catorce largos años permaneció sellada, en un gesto que la Cuarta Transformación proclama como parte de su cruzada por resucitar la salud pública.
Con la voz cargada de una convicción que electrizaba el ambiente, la mandataria narró la transformación radical que sacudió los cimientos del poder. “Hubo una época oscura”, pareció evocar, “en la que los altos funcionarios, los elegidos, curaban sus males en lujosos sanatorios privados con el oro del erario, mientras el pueblo hacía fila en instalaciones decadentes”. Pero llegó el día del ajuste de cuentas. La orden fue tajante y revolucionaria: “Abajo los privilegios”. Hoy, ese río de recursos que fluía hacia seguros médicos privados para la élite ha sido desviado, con la fuerza de una presa reventada, para irrigar y revitalizar al otrora glorioso ISSSTE. Cada peso recuperado es un ladrillo para reabrir nosocomios, un fármaco para los estantes, un latido para máquinas que volverán a sonar.
De las Cenizas del Abandono a la Vanguardia
La historia de este nosocomio es un drama en tres actos. Inaugurado en 1969 como un emblema de progreso, fue cruelmente clausurado en 2010, víctima de la desidia de una era que privilegió lo privado sobre lo colectivo. Su respiro momentáneo llegó en 2020, convertido en un baluarte en la guerra contra la pandemia Covid-19. Pero hoy, su resurrección es total y permanente. Se alza ahora con la potencia de tres quirófanos listos para la batalla, 64 camas censables y 40 no censables como trincheras de recuperación, y 18 consultorios que serán faros de esperanza. El director general del ISSSTE, Martí Batres Guadarrama, anunció con orgullo bélico que la fortaleza opera al 100% de su capacidad de abasto, con un arsenal de 436 claves médicas y un ejército de 700 valientes trabajadores de la salud desplegados en decenas de especialidades.
La gobernadora Margarita González Saravia, con la emoción a flor de piel, agradeció este triunfo que satisface una demanda histórica de los maestros morelenses. Mientras, el secretario de Salud, David Kershenobich, destacó la visión profética de Sheinbaum: una que no solo cura, sino que previene, que anticipa el mal y construye infraestructura no como monumentos, sino como escudos para el bienestar futuro. Este hospital es más que cemento y equipo; es la encarnación de un nuevo pacto social, donde la salud deja de ser un privilegio y se consagra, con drama y pasión, como un derecho fundamental e inalienable. El sistema público de salud, declarado muerto por muchos, da aquí una muestra estruendosa de su renacimiento.
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