El gran escenario de la salud pública
La presidenta Claudia Sheinbaum subió al escenario de Palacio Nacional con un anuncio que quiere cambiar las reglas del juego. A partir del 2 de abril, todas las personas en México podrán registrarse para obtener una credencialización universal de salud. La meta es clara: que puedas ser atendido en cualquier instituto—IMSS, ISSSTE o IMSS-Bienestar—sin que te pregunten primero a cuál estás afiliado.
“Nuestro objetivo es que cerremos el sexenio con un sistema universal”, declaró Sheinbaum.
Para ella, esto es más que un trámite. Es la piedra angular para construir un piso de derechos. En su conferencia, habló de fortalecer el sistema con más medicamentos y un trato “preciso, amable y digno”. Pero el corazón del asunto es ese expediente médico único que cada ciudadano tendría.
Un rompecabezas digital gigante
Aquí es donde la trama se pone interesante. La secretaria de Bienestar, Ariadna Montiel, desglosó el operativo. No será un simple registro masivo. Se hará por letra del apellido y por edad, desplegando 2,898 módulos con más de 9,790 operadores en todo el país.
La credencial será digital e impresa. Contendrá desde tu CURP hasta tu tipo de sangre. Todo quedará registrado en una historia clínica única. El gran giro tecnológico: Sheinbaum mencionó que incluso en los diagnósticos se podría usar inteligencia artificial.
“Será el piso del sueño de convertir la salud en un derecho accesible para todos los mexicanos”, declaró Montiel.
Pero hay un acto secundario crucial. Para los estados que aún no están integrados al IMSS-Bienestar, la instrucción es fortalecer sus propios sistemas locales. La Presidenta fue clara al rechazar que todo se homologue: “no todos van a ser el IMSS-Bienestar”.
Mi lectura entre líneas: Esto no es solo una base de datos. Es una jugada política monumental para redefinir qué significa ser ‘derechohabiente’. Convierte la afiliación laboral en ciudadanía pura y simple. El reto épico será la ejecución: digitalizar procesos viejos, entrenar personal y convencer a millones de ir a registrarse.
Si funciona, podría ser el cambio más profundo en la salud pública en décadas. Si falla, será otro número más en la larga lista de promesas incumplidas. El telón ya se abrió.




