Un guión electoral que podría reescribirse
La presidenta Claudia Sheinbaum acaba de soltar una bomba en medio de su gira por Colima. Su gobierno está sopesando seriamente posponer uno de los actos más esperados del drama político nacional: la segunda etapa de la elección del Poder Judicial y la consulta para revocar mandato.
El aplazamiento, del 2027 al 2028, está sobre la mesa. ¿La razón? Evitar un caos logístico y, paradójicamente, ahorrar recursos.
“Estamos analizando, tiene sus pros y sus contras”, admitió Sheinbaum con esa calma que siempre precede a un movimiento estratégico.
El dilema detrás del telón
La lógica inicial era clara: juntar todos los comicios en 2027 para usar la misma infraestructura y personal. Un solo gran espectáculo. Pero la experiencia reciente les mostró una realidad distinta.
Podrían necesitarse casillas diferentes, más contrataciones y, al final, complicarle la vida al votante con un montón de boletas. Imagínense: en algunos estados se elegirían alcaldes, diputados locales y federales, gobernadores… y encima jueces.
“Entonces, por eso estamos analizando… a lo mejor vale la pena moverla al 28”, comentó.
Ahora viene la parte crucial. La decisión final no se tomará en un escritorio de Palacio Nacional. Se está consultando al Instituto Nacional Electoral (INE) para que dé su veredicto técnico sobre costos y operación.
Sheinbaum adelantó que la propuesta formal de modificación podría presentarse la próxima semana. El reloj corre.
Este no es solo un tema de calendario. Es una jugada maestra que redefine el ritmo de su reforma electoral. Aplazar estos procesos le da aire a su administración, evita un desgaste prematuro y concentra la atención ciudadana donde ella decida.
Como me enseñó mi padre, la política es puro teatro. Y Sheinbaum acaba de proponer un cambio de acto. Ahora toca ver si el público—y el INE—se lo compran.




