El misterio del asesino de Carlos Manzo que nadie se aclara
En un giro digno de un capítulo de Narcos pero con la burocracia mexicana como protagonista, la presidenta Claudia Sheinbaum salió a desmentir lo que ya parecía un hecho confirmado: la identidad del homicida del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo. Mientras fuentes federales ya habían identificado al presunto autor material como Osvaldo Gutiérrez Vázquez, alias “El Cuate”, Sheinbaum llegó con su conferencia mañanera a tirar por la borda toda la investigación con un simple “todavía no está identificado, amigos”. ¿Alguien tiene un guion de lo que realmente está pasando?
Para ponernos en contexto: este sicario tendría entre 17 y 19 años, porque aparentmente en México el crimen organizado ahora tiene programa de prácticas profesionales para adolescentes. El fiscal de Michoacán, Carlos Torres Piña, había dado estos datos, pero llegó la jefa de gobierno y básicamente dijo que todo era fake news. ¿Quién miente? ¿Las fuentes de seguridad o la propia presidenta? El caso tiene más versiones que un tema de Bad Bunny en remix.
Los vínculos criminales que todos conocen menos la presidencia
Según las mismas fuentes que Sheinbaum parece ignorar, “El Cuate” era originario de la colonia Miguel Hidalgo en Apatzingán y -sorpresa- tenía vínculos familiares con un sujeto apodado “El Prángana”. Este último operaba para los hermanos Álvarez Ayala, Ramón (“El R1”) y Rafael (“El R2”), quienes a su vez trabajan para el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Básicamente, el árbol genealógico criminal está más claro que el de los Kardashian, pero oficialmente “no hay identificación”.
Lo más irónico es que Sheinbaum no descartó que el caso sea atraído por la Fiscalía General de la República (FGR), lo que nos hace preguntarnos: ¿van a atraer un caso que según ellas ni siquiera tiene sospechoso identificado? ¿O es que quizás sí saben más de lo que admiten públicamente? La situación tiene ese típico aroma a caos institucional que tanto nos caracteriza como país.
Entre declaraciones sobre justicia y apoyo a las fiscalías, el mensaje de la presidenta parece diseñado para calmar ánimos mientras detrás de cámaras el desmadre investigativo sigue su curso. Porque seamos honestos: cuando las autoridades dicen “condenamos el homicidio y lo primero que tiene que haber es justicia”, generalmente es el preámbulo para anunciar que no habrá justicia pero al menos la condenamos con mucha fuerza.
Mientras tanto, en Michoacán la violencia sigue su curso y los ciudadanos se quedan con más dudas que respuestas. Porque cuando ni siquiera pueden ponerse de acuerdo en quién disparó, ¿qué esperanza queda para desmantelar las redes criminales detrás del asesinato? El circo mediático continúa, y nosotros seguimos aquí, comiendo palomitas mientras el país se prende en llamas.
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