Un reconocimiento que habla más de una lucha que de un premio
El recinto del Senado cambió su ritmo habitual esta tarde. En una sesión solemne, no se discutían leyes ni se lanzaban acusaciones. Se rendía homenaje. Y no a un político, sino a una mujer que lleva más de treinta años en las trincheras más reales: las comunidades indígenas de Chiapas.
Cecilia López Pérez, indígena tzotzil de San Andrés Larráinzar, recibió el reconocimiento “Elvia Carrillo Puerto 2025”. Su traje tradicional blanco con bordados rojos de Zinacantán brillaba bajo las luces, un contraste potente y simbólico en el corazón del poder legislativo.
“Agradezco este reconocimiento, pero es para todas”, dijo Cecilia al recibir la distinción de manos de la presidenta del Senado, Laura Itzel Castillo. En su mensaje breve pero cargado de historia, recordó la lucha de las mujeres del EZLN.
Ahí está la clave. Este premio no es solo un trofeo en una vitrina. Es el acto final de una obra que lleva décadas en cartelera: la defensa incansable de los derechos humanos de las mujeres originarias. Tres décadas donde cada día fue una batalla silenciosa y persistente.
¿Por qué importa? Porque en un país con profundas heridas históricas, poner el foco en estas luchadoras es sanador y necesario. Conecta los dots entre el México profundo y las instituciones que dicen representarlo.
La política, a veces, sí sabe hacer gestos correctos. Hoy honró a quien realmente construye país desde lo local, con las manos en la tierra y la mirada en la justicia. Un reconocimiento bien dado es un mensaje poderoso.




