La factura que llega tras el desastre
Pemex acaba de poner precio al último desastre ambiental en el sur de Veracruz: 15 millones de pesos. Es el monto que la paraestatal destinará, a través de su programa PACMA, para apoyar a unas 300 personas agrupadas en 11 cooperativas pesqueras. El dinero llega después de que se detectara hidrocarburo en la zona costera.
Las comunidades de Agua Dulce, Coatzacoalcos y Pajapan son las directamente afectadas. Allí, la vida gira en torno al mar. Para ellos, un derrame no es una nota de prensa; es la amenaza directa a su sustento diario.
“la situación se mantiene bajo control operativo mientras avanzan las labores de limpieza y monitoreo”
Esa es la línea oficial de Pemex. Pero detrás del comunicado pulcro hay un operativo tangible: ya entregaron 100 mil litros de combustible a Pajapan y evalúan hacer lo mismo en otros pueblos. También pusieron en marcha una Unidad Médica Móvil que, solo en seis días, brindó 548 consultas.
Ahora, el teatro político entra en su siguiente acto. La empresa despliega sus medidas de “atención social”. El PACMA se activa. Los cheques (o promesas) salen a escena. Es el guion previsible después de cada incidente.
La pregunta que queda flotando, como la mancha de crudo, es otra: ¿15 millones son suficientes para limpiar el daño ambiental y compensar meses (¿años?) de pesca arruinada? ¿O es solo el pago inicial por el silencio? Las reuniones con los pescadores ya empezaron. El verdadero diálogo, el sobre el futuro de su mar, está por verse.
Mientras tanto, las máquinas limpian, los médicos atienden y Pemex asegura que todo está “bajo control”. El telón aún no cae.




