La gran estrategia: madrugar para ganar (o para hacer desistir a los demás)
Ah, las elecciones judiciales. Ese momento mágico en el que la democracia se reduce a una carrera de obstáculos donde, al parecer, quien madruga no solo agarra al candidato de Morena, sino que espanta a la competencia. Porque, según los “expertos”, los votantes del partido en el poder tienen una misión sagrada: instalarse en las casillas antes de que el sol salga, como si fueran a repartir iPhones gratis en lugar de boletas electorales.
El arte de la fila como arma política
Según Luis Carlos Ugalde, ex presidente del IFE (y probablemente experto en psicología de filas), un votante independiente al ver una cola larga piensa: “nah, mejor me voy a desayunar”. Mientras tanto, el militante movilizado aguanta estoico, como si estuviera en un Black Friday político. ¿Estrategia maquiavélica o simple pereza ciudadana? El mundo nunca lo sabrá.
Y aquí viene lo mejor: solo habrá 84 mil casillas, la mitad que en elecciones pasadas. Porque, claro, ¿para qué facilitar el voto si podemos convertirlo en un juego de supervivencia? Los centros de votación no serán espacios cívicos, sino cuellos de botella diseñados para probar la paciencia de los ciudadanos. ¿Será que entre más lento el proceso, más legítimo el resultado? Alguien debería preguntarle a los genios que idearon este plan.
Jaime Rivera, consejero electoral, intenta calmarnos diciendo que la votación temprana no define el resultado. ¡Qué alivio! Entonces, ¿toda esta coreografía de madrugones y filas kilométricas es solo para… hacer ejercicio cívico? Qué bonito. Mientras tanto, los funcionarios electorales, en un arranque de eficiencia sin precedentes, entregarán boletas y entintarán dedos al mismo tiempo, como si fueran malabaristas de la democracia. ¿El siguiente paso? Que los votantes firmen, voten y hagan malabares con tres pelotas. Todo sea por la fluidez.
¿Y los ciudadanos no movilizados? Ah, esos pueden quedarse en casa viendo memes. Total, si no tienen la resistencia física para enfrentarse a una fila a las 6 a.m., ¿realmente merecen participar en la democracia? (Nota: esto es sarcasmo, por si alguien del INE está leyendo).
Así que ya lo sabes: si quieres que tu voto cuente, madruga, lleva café y prepárate para una jornada épica. O, si prefieres evitar el drama, siempre puedes esperar a que suban los resultados en Twitter. Total, ¿para qué sufrir?
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