El guión de Morena: unidad forzada rumbo al 2027
La escena era predecible. En la sesión ordinaria del partido, los altos mandos de Morena—Alfonso Durazo y Luisa María Alcalde al frente—pusieron en escena el acto principal: un llamado férreo a la unidad. El mensaje era claro para cualquier consejero con sueños presidenciales propios.
No se trata de un nombre, sino del movimiento. Ese fue el leitmotiv.
“La transformación no depende de un nombre propio, sino de un movimiento organizado, disciplinado y políticamente responsable”,
sentenció el presidente nacional desde la tribuna. Una advertencia directa a quien piense en saltar la barda. La senadora Olga Sosa Ruiz subrayó el “trabajo a ras de suelo” y los principios éticos como eje.
Pero el discurso más revelador vino de Durazo. Habló de una unidad que no es sumisión.
“La unidad auténtica no se logra sacrificando la congruencia… no el de una unidad acrítica ni construida sobre silencios forzados”,
dijo. Un equilibrio casi imposible: pedir cohesión total pero permitiendo disenso. ¿Un oxímoron político o una estrategia calculada?
Detrás del telón, el guión es obvio. Se busca apagar cualquier chispa de ambición personal que pueda incendiar el camino hacia las elecciones del 2027. Se invocó, como siempre, el “liderazgo moral” de López Obrador y la necesidad de cuidar la coalición con PVEM y PT.
El segundo piso de la Cuarta Transformación necesita cimientos sólidos, y eso pasa por un partido en fila india. Por ahora, el libreto está escrito. Veremos qué actores deciden seguirlo al pie de la letra.




