La carrera contra el reloj de Monreal
Ricardo Monreal, el hombre que coordina la política en la Cámara Alta, acaba de soltar el cronómetro. La reforma electoral que cocinan Morena y sus socios (PVEM y PT) tiene un plazo fatal: febrero. Si se pasan, dice, se acabó el juego para esta legislatura.
“Los próximos diez días son determinantes”, advirtió el senador.
¿Y qué trae esta iniciativa? Según Monreal, de todo un poco. Habla de cambiar cómo se integran la Cámara de Diputados y el Senado. Promete fórmulas de votación para que, supuestamente, haya más conexión entre los electores y los elegidos. Hasta suena a que quieren llevar las consultas populares a todos los niveles: municipal, estatal y federal.
El dinero y los castigos
Pero aquí viene uno de los puntos jugosos. Monreal asegura que otro pilar será la fiscalización del dinero de campaña. El objetivo, dice, es evitar financiamiento turbio. Y aquí lanza la bomba: las sanciones podrían llegar hasta la cancelación de una candidatura… incluso si el aspirante ya ganó la elección.
Suena contundente. Habrá que ver la letra chica cuando presenten los artículos.
Sobre las diputaciones plurinominales –esas que no salen del voto directo– confirmó que se mantendrá la fórmula actual (200 por mayoría relativa y 300 pluris). Pero dice que buscarán mecanismos para que esos legisladores tengan “mayor vinculación” con la gente. Menciona modelos como el del “segundo mejor votado”, ya usado en CDMX.
El mensaje final de Monreal es claro: es febrero o nunca. Reuniones constantes entre los partidos para afinar la redacción final. Un ultimátum temporal que pone presión sobre toda la operación. La pregunta que flota en el aire es simple: ¿lograrán cerrar filas a tiempo o este proyecto se sumará al archivo de las buenas intenciones?




