Un escándalo que sacude los cimientos del megaproyecto presidencial
En las sombras de la construcción del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), se tejió una telaraña de intrigas que haría palidecer a los guionistas de narcodramas. La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), custodia de la seguridad nacional, cayó en las garras de una red que mezclaba negocios turbios, lavado de capitales y hasta el siniestro Cártel Jalisco Nueva Generación. ¡Más de 500 millones de pesos en contratos de combustible manchados por la corrupción!
Los actores de este drama criminal
En el centro del huracán: Ecocarburante, una empresa con dueños que parecen salidos de una novela negra. Eric Daniel Zamora Delgadillo, su copropietario, arrastraba un pasado oscuro como presidente de Agrícola Boreal –empresa señalada por Estados Unidos por crímenes financieros vinculados al narcotráfico–. Pero el giro dramático llegó con su sociedad con José Isabel Murguía Santiago, hermano del exalcalde de Teuchitlán, actualmente tras las rejas por su participación en las masacres del Rancho Izaguirre.
¡La trama se espesa! Documentos obtenidos por Mexicanos contra la Corrupción revelan que estas empresas compartían directivos como fichas de un tablero criminal. Miguel Castellanos Cruz, representante de Ecocarburante, también manejaba los hilos de Mefra Fletes –empresa acusada por la FGR de transportar huachicol para el CJNG–. ¿Coincidencia? ¡Imposible! Era un círculo perfecto: los mismos nombres aparecían en facturas, actas notariales y contratos con Pemex.
El papel de Pemex en este thriller corporativo
Aquí llega el golpe de efecto: Impulsora de Productos Sustentables (otra de las empresas del clan Murguía) firmó un acuerdo secreto con Pemex Transformación Industrial para distribuir turbosina. ¡El acta notarial lo confirma! Prometían repartirse el 51% de utilidades en futuros contratos con la paraestatal. Mientras tanto, Ecocarburante facturaba millones a la Sedena desde unas oficinas dentro del propio AIFA, junto a los dormitorios militares. ¿Negligencia o complicidad?
El clímax: en plena construcción del aeropuerto, los retrasos por desabasto de diésel –¡por incumplimiento de Ecocarburante!– no impidieron que la Sedena les otorgara un segundo contrato directo por 12.9 millones de pesos. ¿Cómo explicar que una empresa señalada por vínculos con el huachicolero almacenara 200,000 litros de combustible en plena base militar de Santa Lucía? Los documentos muestran que hasta tenían su propia gasolinera clandestina.
Este relato de ambición y poder no es ficción: es la radiografía de un sistema donde las líneas entre gobierno, crimen y negocios se borran. ¿Cuántos secretos más esconden los contratos del AIFA? Comparte esta investigación y ayúdanos a exigir transparencia. #AIFAUnderScrutiny | Explora más historias sobre corrupción sistémica en nuestro portal.
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