Una mansión que huele a corrupción (y no a flores de Cuernavaca)
Ah, la clásica historia de un funcionario público y su inexplicable mansión. ¿Casualidad? ¿Herencia de un tío lejano? ¿O el premio mayor de la lotería que nadie supo que jugó? La Fiscalía de Morelos, en un raro ataque de curiosidad, decidió investigar a Mirna Zavala Zúñiga, titular de Hacienda del estado, por una supuesta vivienda de 50 millones de pesos en una zona donde el metro cuadrado vale más que su salario anual. ¡Qué sorpresa!
La propiedad, ubicada en la exclusiva colonia Vista Hermosa (nombre irónico, considerando lo feo que se ve el asunto), fue adquirida en copropiedad con su esposo, Israel Sergio González Macedo, quien casualmente también trabaja para el gobierno estatal. ¿Coincidencia? La fiscalía, en un arrebato de escepticismo, piensa que no.
“Es solo una cisterna… y unos cimientos… y tal vez un jacuzzi”
Zavala, en un intento por salvar su reputación (y su jubilación), aseguró que en el terreno solo hay una cisterna y unos cimientos. Por supuesto, nada que ver con una mansión de lujo. ¿Acaso confundieron los planos con los de un palacio de Dubai? La funcionaria, ofendida, declaró que todo fue debidamente reportado. Aunque, curiosamente, omitió mencionar el pequeño detalle de los 50 millones de pesos que valdría la propiedad terminada.
Mientras tanto, la gobernadora Margarita González Saravia, en un movimiento que nadie vio venir, anunció que Zavala dejará su cargo el 15 de agosto. ¿Motivo? Una reestructuración institucional. Claro, porque fusionar secretarías siempre coincide con escándalos de corrupción. Para suavizar el golpe, le ofrecieron a Zavala un puesto menor, pero ella, dignísima, prefirió retirarse. ¿O será que vio venir lo que se le venía encima?
El fiscal Leonel Díaz Rogel, en un discurso que sonó más a guión de telenovela que a declaración oficial, aseguró que actuarán con inmediatez (una palabra que en el léxico gubernamental suele significar “en unos años, si no nos olvidamos”). Eso sí, recordó que la presunción de inocencia aplica, aunque en este caso, la presunción de “algo huele mal” parece más fuerte.
Lo más gracioso (o trágico) es que este no es un caso aislado. La fiscalía tiene 120 investigaciones contra exfuncionarios de la administración pasada. ¿Será que en Morelos el enriquecimiento ilícito es un deporte extremo?
¿Qué sigue? Probablemente, una larga investigación, declaraciones evasivas y, con suerte, algún funcionario que termine tras las rejas. Pero no nos hagamos ilusiones: en México, la justicia suele moverse más lento que un trámite burocrático.
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