La Iglesia en México alza la voz
La Conferencia del Episcopado Mexicano no se quedó callada. Con un tono que mezcla dolor y firmeza, expresó su “profundo dolor y unión” con las autoridades religiosas en Tierra Santa. El motivo: impedir que el Patriarca Latino celebrara la Misa de Domingo de Ramos en el Santo Sepulcro es, para ellos, un golpe bajo a la libertad de culto.
“Manifestamos nuestro profundo dolor y unión con el Patriarcado Latino de Jerusalén”, señalaron los obispos Ramón Castro Castro y Héctor M. Pérez Villarreal en el comunicado oficial.
Fe versus confrontación
Para estos líderes religiosos, el momento no podría ser más simbólico. Justo cuando millones de creyentes inician la Semana Santa, un acto de este calibre envía el mensaje equivocado. La CEM fue clara: usar la religión como excusa para conflictos armados es inaceptable.
Su posicionamiento va más allá de la queja. Se suman al llamado internacional para detener la violencia y piden reconocer la dignidad de todas las personas involucradas. La fe, insisten, debe ser motor para construir puentes, no trincheras.
Desde México, ven estos hechos como una llamada de atención urgente. Refuerzan la necesidad imperiosa de promover el diálogo y la reconciliación donde parece haber solo espacio para el enfrentamiento. Recordaron las enseñanzas centrales de Jesucristo sobre el amor activo y la no violencia.
El mensaje final es un llamado a la unidad y a la solidaridad con quienes sufren directamente las consecuencias del conflicto. Para los obispos mexicanos, silenciar una misa en Semana Santa es silenciar un mensaje de paz cuando más se necesita.




