El Senado le da el ‘sí’ a los cuates: así se cocinó la ratificación de los nuevos magistrados
Parece que en la cámara alta mexicana hubo más drama que en un capítulo de La Casa de los Famosos. Resulta que el Senado de la República, en una jugada que nos recuerda que la política es el arte de lo posible (sobre todo cuando tienes los votos), le dio luz verde a la designación de cinco personas para ocupar las magistraturas de la Sala Superior del Tribunal Federal de Justicia Administrativa. La votación fue de 82 a favor, 34 en contra y una abstención que, seguramente, fue de alguien que no se decidía entre tacos de canasta o de suadero. La propuesta, como era de esperarse, venía de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, porque ¿para qué ganar las elecciones si no puedes colocar a tu gente en puestos clave?
Foto: El Universal.
Los elegidos: el dream team administrativo que estará 15 años en el cargo
Los afortunados y afortunadas que pasaron el filtro senatorial y que, a partir del 1 de noviembre, tendrán un contrato laboral más estable que el de un youtuber de recetas, son: Ariadna Camacho Contreras, Selene Cruz Alcalá, Ludmila Valentina Albarrán Acuña, Eduardo Santillán Pérez y José Ramón Amieva Gálvez. Su misión: ocupar el cargo por 15 años, un plazo en el que uno puede nacer, pasar la adolescencia y llegar casi a los 30. Todo un periodo de gestión que demuestra que en México, a veces, los puestos sí pueden ser de larga duración, al menos en el Poder Judicial.
Pero no todo fue miel sobre hojuelas. El PAN, PRI y Movimiento Ciudadano (MC) se opusieron con la fuerza de un fan en un concierto de Bad Bunny. La senadora del PRI, Claudia Anaya, soltó el discurso del día, advirtiendo que Morena está “dinamitando la división de poderes”. Básicamente, dijo lo que todos estábamos pensando pero con palabras más bonitas. Señaló que este tribunal administrativo no es cualquier cosita: es el que está vinculado al sistema nacional anticorrupción y al que llegarían las carpetas de investigación de la fiscalía contra la corrupción. O sea, el que debería poner orden en el desmadre.
Y aquí viene el remate, con una acusación más jugosa que un chisme de vecindad: “Quieren a puros cuates, porque no quieren que se sancione, que se castigue, que se haga justicia en el tema de corrupción y desvío de recursos públicos de la Conade ni desde la Conacyht ni los de Segalmex“. Por si fuera poco, mencionó el “huachicol fiscal” y el “robo del siglo”, sugiriendo que todo esto quedará tan impune como nuestras promesas de Año Nuevo. Un speech que, sin duda, merecía unos palomitos.
La oposición no se muerde la lengua: críticas con sabor a ‘ya lo viamos venir’
El coordinador de MC, Clemente Castañeda, no se quedó atrás y lamentó que el “régimen morenista” (término que suena a saga distópica) continúe con el desmantelamiento del Poder Judicial. Con una ironía digna de un comediante de stand-up, dijo que los perfiles propuestos eran “impecables”: “Han demostrado reconocida militancia política, probada trayectoria en cargos públicos del gobierno de la Ciudad de México y del gobierno federal. Su identidad con el partido gobernante es incuestionable”. O sea, les dio el ‘sí’ a su lealtad partidista, pero les puso un ‘no’ rotundo a sus credenciales para el tribunal. Concluyó, con toda la responsabilidad del mundo, que para integrar el Tribunal Federal de Justicia Administrativa simplemente “no tienen las credenciales”. Un golpe bajo que duele más que tropezar con el meñique del pie.
Mientras tanto, los senadores de Morena, como Miguel Ángel Yunes y Emmanuel Reyes, salieron al quite a defender la trayectoria, capacidad y méritos académicos de los nuevos magistrados. Claro, porque en este juego político, cada bando tiene su propio reality show y su narrativa. Los nuevos jueces rindieron protesta de inmediato, listos para empezar su mandato de 15 años, un tiempo suficiente para ver si la prometida justicia administrativa llega o se queda en el limbo de los buenos deseos.
En resumen, lo que pasó en el Senado fue más que una simple votación; fue un capítulo más de la eterna telenovela de la política mexicana, donde los personajes cambian, pero las intrigas por el poder y las acusaciones de amiguismo siguen siendo el pan de cada día. Y nosotros, como audiencia, solo nos queda esperar el siguiente episodio, con su respectivo drama y sus dosis de realidad.
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