El nuevo acto en el teatro de la seguridad bilateral
El embajador estadounidense Ronald Johnson acaba de subir el volumen en un tema que siempre está ahí, latente: el flujo de armas hacia México. Y lo hizo con declaraciones que suenan a guión rehecho, pero con números nuevos que estremecen.
“El desarme de los cárteles se ha convertido en una prioridad para el presidente Trump”, aseguró Johnson.
La frase, dicha así en frío, podría pasar por otra más del libreto diplomático. Pero viene acompañada de un reporte de la ATF que le da un peso brutal. Desde enero del 2025 han incautado más de 36 mil armas vinculadas a actividades ilegales.
Y aquí está el dato clave: al menos 4,359 de esas armas tenían como destino claro nuestro país. Presuntamente para engrosar los arsenales de los grupos que siembran el terror. Junto con ellas, casi 650,000 cartuchos de munición. Es como si cada día les quitaran más de mil seiscientas balas de las manos.
Coordinación o escenario
Johnson destacó la coordinación con la presidenta Claudia Sheinbaum para detener este flujo. Suena bien en el discurso. ‘Eje prioritario en la agenda bilateral’, repite. La estrategia, dice, busca debilitar la capacidad operativa del crimen organizado.
Pero uno mira los números –36 mil armas en poco más de un año– y se pregunta: ¿esto es el principio de un acto decisivo o solo el cambio de decorado para la misma obra? La promesa de desarme suena épica. Los cárteles, mientras tanto, operan con la lógica fría del mercado: donde hay demanda, habrá oferta.
La pregunta que queda flotando es simple: ¿las declaraciones se traducirán en una caída real del poderío militar de los cárteles, o solo estamos viendo un nuevo diálogo para una vieja tragedia? El telón está arriba. Ahora toca ver si los actores cambian su juego.




