La rutina macabra que ya nadie cuestiona
Otra madrugada en Culiacán, otro parte de guerra. Cuatro personas ejecutadas en menos de 24 horas. Dos de ellas, simplemente estaban en la banqueta. El detalle que duele: vecinos tuvieron que cubrir los cuerpos con toallas antes de que llegaran las autoridades.
Las autoridades fueron alertadas sobre detonaciones cerca del estadio de los ‘Dorados’. Al presentarse, encontraron a una mujer y un hombre asesinados fuera de un domicilio.
La colonia Lázaro Cárdenas se convierte otra vez en escenario. Ayer tres muertos en una casa. Hoy, un hombre en motocictera perseguido a balazos y otro más frente a su vivienda. La pregunta obvia que nadie hace oficialmente: ¿coordinación o coincidencia?
Lo único consistente es el protocolo: iniciales en lugar de nombres completos, vehículos ‘de características desconocidas’, y la eterna investigación ‘en curso’. Mientras, los servicios médicos certifican lo evidente.
Los paramédicos determinaron que las dos personas encontradas en el patio no presentaban signos vitales, al igual que un tercero que quedó tendido en el pasillo.
El cuarto hombre logró correr. Terminó grave en un hospital, con escolta. Sobrevivirá para contar… ¿qué exactamente? En esta ciudad, los testigos tienen fecha de caducidad.
La verdadera noticia no son los muertos. Es cómo hemos normalizado que esto pase a cuadras de un estadio de fútbol, en colonias con nombres de héroes revolucionarios. La memoria colectiva ya ni registra el escándalo anterior.
Las ruedas de prensa dirán ‘acciones contundentes’ y ‘coordinación interinstitucional’. Yo solo veo toallas manchadas y preguntas sin respuesta. De nuevo.




