Cuando el “negocio familiar” es literalmente un cargamento de cocaína
Cuatro emprendedores (uno de ellos con pasaporte colombiano, porque la globalización también llega al narcotráfico) fueron invitados a un proceso judicial por intentar repartir felicidad en forma de 4.5 toneladas de cocaína al sur de Los Cabos. La Fiscalía General de la República (FGR), siempre tan detallista, confirmó que estos distribuidores de alegría química viajaban en una embarcación tan sospechosa que ni nombre, bandera ni matrícula tenía. ¿Un barco fantasma? No, solo otro día normal en el paraíso del crimen organizado.
El “operativo sorpresa” que nadie esperaba (excepto todos)
Tras un paseo marítimo detectado por la Secretaría de Marina (porque nada dice “pesca recreativa” como tres motores fuera de borda y cero cañas de pescar), los tripulantes fueron recibidos con una orden de prisión preventiva. Entre los obsequios decomisados: 4,500 paquetes en forma de ladrillo (¿alguien dijo construcción de imperios?) y 878 litros de gasolina en bidones. Porque si vas a transportar droga, al menos hazlo con estilo y combustible de sobra.
Los protagonistas de esta comedia negra son Edgar “N”, Uvaldo “N”, Francisco “N” y Álvaro “N” (el colombiano, porque en todo buen reparto hay un actor internacional). Según Omar García Harfuch, la carga equivalía a 900 millones de dosis de mala vida, con un valor de más de mil millones de pesos. Vamos, el sueño de cualquier contador del crimen organizado.
Mientras tanto, en Baja California Sur, las cifras de narcomenudeo siguen tan altas como los consumidores. Y por si faltaba drama, el fin de semana pasado detuvieron a siete aficionados al narcotráfico en Mulegé, incluyendo a un adolescente (porque el crimen no espera a la mayoría de edad). Entre los trofeos: armas, granadas y chalecos tácticos. Vamos, todo lo necesario para un día de campo muy peculiar.
¿Moraleja? Si tu barco no tiene nombre pero sí toneladas de cocaína, quizá no es el mejor plan para un domingo relajado.
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