Cuando la “tradición” es solo una excusa para la crueldad
Ah, Zacatecas, tierra de charros, folclor y… ¿tortura animal disfrazada de festividad? Las autoridades del municipio de Jerez y del gobierno estatal han demostrado una habilidad envidiable para mirar hacia otro lado mientras un pobre burro era convertido en esclavo de la diversión humana. ¿Qué mejor manera de celebrar la Feria de Primavera que obligando a un equino a arrastrar una carreta con cinco humanos (más hieleras, porque claramente el burro no sufría lo suficiente)?
El video que circuló –porque claro, en pleno 2025 todavía necesitamos pruebas visuales para creer que la crueldad existe– muestra al animal exhausto, desplomándose bajo el peso, solo para ser obligado a levantarse y seguir tirando mientras los “jinetes” saltaban como si estuvieran en un trampolín. ¿Acaso pensaron que el burro era un juguete inflable? Porque, señores, lastimosamente, los animales no vienen con garantía de rebote.
El silencio de los cómplices
Lo más indignante (o predecible, dependiendo de cuán cínicos seamos) es que todo esto ocurrió frente a las narices de las autoridades. Ni el municipio ni el gobierno estatal movieron un dedo, a pesar de que la Ley para la Protección y Bienestar Animal de Zacatecas existe… en teoría. Pero, ¡oh sorpresa!, las leyes son como los adornos navideños: solo se sacan cuando conviene.
Arturo Islas Allende, actor y ambientalista, resumió perfectamente el escándalo: “Esto no es folclor, es tortura”. Y añadió, con la ironía que solo da el hartazgo: “¿De verdad nadie en el tumulto notó que era un acto cruel?”. Spoiler: no, porque cuando la “tradición” golpea, la empatía sale por la puerta trasera.
Por si alguien lo duda, esta festividad –que reúne a familias, migrantes y, aparentemente, a sádicos– lleva años acumulando denuncias por maltrato animal. Caballos estresados por la pólvora, horas de trabajo sin protección en las pezuñas… pero, hey, ¡al menos es tradición! Y como todos sabemos, si algo es “tradicional”, automáticamente se vuelve intocable, aunque incluya sufrimiento innecesario. ¿O no?
¿Qué sigue? ¿Premiar al burro más maltratado? Mientras tanto, las autoridades siguen en su mudo espectáculo de negligencia. Porque, claro, ¿para qué actuar si puedes hacerte el distraído?
¡Comparte esta nota y exige que las tradiciones no justifiquen la crueldad! ¿O prefieres esperar a que el próximo “festivo” sea un elefante en un zoológico clandestino?




