La máquina de imprimir billetes para los juguetes ferroviarios
Parece que el Gobierno federal ha encontrado una mina de oro, o más bien, una máquina de imprimir billetes que funciona las 24 horas, y ha decidido asignar la modesta suma de 142 mil millones de pesos a sus proyectos favoritos: los trenes de pasajeros. Porque, ¿qué mejor prioridad de inversión para 2026 que transportar a unos cuantos afortunados sobre rieles, mientras el resto del país se pregunta si alguna vez verá un bache reparado en su calle?
Pero, ¡oh sorpresa! La fiesta de los subsidios no termina ahí. Seis empresas paraestatales, esas criaturas recién nacidas en el sexenio pasado y que ahora son mimadas y controladas por las Fuerzas Armadas, han extendido la manita para pedir su mesada. Necesitan un subsidio de 58 mil 212 millones de pesos para el año entrante. ¿La razón? Resulta que no generan suficientes recursos para operar y, por supuesto, para pagar los salarios de sus 8 mil 200 empleados. Quién lo hubiera pensado: crear empresas que no son rentables cuesta dinero. Una revelación verdaderamente revolucionaria.
El pozo sin fondo de los proyectos faraónicos
Estos fabulosos subsidios, elegantemente empaquetados en el Presupuesto de Egresos 2026 que llegó al Congreso, están destinados básicamente a tapar los agujeros de las obras ferroviarias pendientes. Sí, hablamos de los eternos protagonistas: el Tren Maya y el Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec. Porque nada dice “proyecto exitoso” como necesitar una inyección constante de miles de millones para no colapsar.
Y como si fuera poco, también se ha solicitado la bagatela de 14 mil 386 millones de pesos para el Tren Saltillo-Nuevo Laredo. Porque, claramente, la solución a los problemas de conectividad del país es seguir añadiendo más tramos ferroviarios a la lista infinita de obras que consumen dinero a un ritmo que haría palidecer a un jugador compulsivo en Las Vegas.
Carlos Barreda, un especialista del sector que probablemente se ríe para no llorar, nos ilumina con una cifra maravillosa: la suma de todos estos tramos de trenes de pasajeros y de carga equivale a mil 430 kilómetros de vía por construir. Es decir, suficiente hierro para llegar a la luna… o al menos para dar varias vueltas a la circunferencia de la burocracia mexicana.
Y luego viene el cálculo magistral: “Si se toman como base los 142 mil millones de pesos que contempla el Presupuesto de Egresos 2026, se puede concluir que durante el primer año de inicio de obras se invertirán 105 millones de pesos por cada kilómetro de vía”. ¡Qué ganga! Solo 105 millones por kilómetro. Con ese precio, uno esperaría que las vías estuvieran hechas de oro macizo y que los trenes fueran impulsados por lágrimas de unicornio. Y todo esto, con un “horizonte de terminación de al menos tres años”. Traducción: véanlo como una suscripción perpetua a un hoyo negro financiero.
En resumen, mientras los ciudadanos de a pie se preocupan por la inflación y el costo de la canasta básica, nuestro gobierno demuestra una vez más su increíble capacidad para priorizar. Porque, al final del día, ¿qué es más importante: la educación, la salud o un tren que quizás, tal vez, en un futuro lejano, pueda llevar a alguien de punto A a punto B? La respuesta, claramente, está en los rieles.
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