El presidente Luiz Inácio Lula da Silva afirmó que Brasil no acepta ser ofendido por ninguna nación, en aparente referencia al incremento arancelario impuesto por Estados Unidos. Sin embargo, advirtió que solo se pronunciará sobre la medida después de que su colega Donald Trump lo haga.
“Este país debe mantener la cabeza en alto porque no aceptamos que ninguna otra nación del mundo agravie a Brasil. Queremos respeto, de la misma forma que respetaremos a todos”, declaró durante un acto oficial en Río de Janeiro, acompañado de varios ministros y del gobernador Ricardo Couto de Castro.
Espera estratégica
Lula agregó que aguardará las declaraciones de Trump antes de referirse al “aumento de aranceles”, evitando así un intercambio directo de acusaciones. “Voy a esperar para hablar del tarifazo cuando Trump se pronuncie. Mientras él no hable, yo tampoco hablaré, porque vamos a demostrar que nadie le gana a Brasil con mentiras”, sostuvo.
El gobierno brasileño, a través de sus ministros, calificó como “injustificada” la elevación del 25 % en las tasas aplicadas a las exportaciones del país sudamericano. La decisión de Washington ha generado tensión comercial, aunque Lula opta por una postura prudente y condicionada.
Contexto regional
La medida estadounidense impacta sectores clave de la economía brasileña, como el acero y el aluminio. Brasil ha mantenido históricamente una relación comercial compleja con Estados Unidos, alternando conflictos y acuerdos. La estrategia de Lula busca evitar una escalada mientras evalúa posibles represalias o negociaciones.
Analistas consideran que el silencio momentáneo del mandatario busca presionar a Trump a dar el primer paso, evitando que Brasil sea visto como el iniciador de una guerra comercial. La comunidad internacional observa con atención el desarrollo de este diferendo entre dos de las mayores economías del continente.




