La versión oficial choca con los datos en las calles
El fiscal general iraní, Mohammad Movahedi, salió al paso este viernes para calificar de “completamente falsas” las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump. El mandatario había afirmado repetidamente que Teherán había paralizado la ejecución de 800 manifestantes detenidos.
“Esta afirmación es completamente falsa; no existe tal cifra, ni el poder judicial ha tomado tal decisión”, aseveró Movahedi a la agencia Mizan.
Mientras tanto, el recuento de víctimas mortales por la represión de las protestas en todo el país sigue aumentando. Según activistas locales, ya supera las 5.002 personas. Y temen que sean muchas más.
Un bloqueo que oculta y una tensión que crece
Verificar cualquier información se ha vuelto casi imposible. Irán lleva más de dos semanas sumido en el bloqueo de internet más severo de su historia. La oscuridad informativa es casi total.
Al otro lado del tablero, la retórica se calienta. Un grupo de portaaviones estadounidense se acerca a Oriente Medio. Trump lo describió como una “armada”. Los analistas advierten: este despliegue militar le daría la opción de llevar a cabo ataques.
El Soufan Center, un grupo de expertos con sede en Nueva York, lo analizó así:
“Se siguen trasladando activos militares hacia la región, lo que indica que aún podría producirse una acción cinética”.
La narrativa oficial iraní responde con desdén y amenazas veladas. En Teherán, el líder de la oración del viernes, Mohammad Javad Haji Ali Akbari, se refirió a Trump como un “hombre de rostro amarillo… como un perro que solo ladra”.
Pero tras los insultos hay una advertencia clara:
“Si se produjera algún daño, todos sus intereses y bases en la región se convertirían en objetivos claros y precisos para las fuerzas iraníes”.
Movahedi también aprovechó para marcar distancias internas. Negó que el Ministerio de Exteriores, dirigido por Abbas Araghchi —quien ha mantenido comunicación directa con enviados estadounidenses—, pudiera haber filtrado esa cifra a Washington.
“Tenemos separación de poderes… y no recibimos instrucciones de potencias extranjeras bajo ninguna circunstancia”, insistió.
Mientras los discursos chocan en los micrófonos, la realidad en las calles iraníes es otra: miles de familias buscan a sus seres queridos entre un apagón informativo y una represión que no da señales de ceder.




