Porque nada dice “bienvenidos” como cobrarles por ayudar a sus familias
Washington, D.C. — En un movimiento que seguramente hará llorar de emoción a los amantes de la ironía fiscal, un comité de la Cámara de Representantes de Estados Unidos decidió que lo que realmente necesitan los migrantes es… ¡otro impuesto! Sí, porque enviar dinero a familias en situaciones precarias no era lo suficientemente complicado. Ahora, con un brillante 5% adicional, el sueño americano incluye pagar por el privilegio de sostener a quienes dejaron atrás.
El Comité de Medios y Arbitrios (nombre que suena más a un grupo de magos que a legisladores) aprobó esta joya de la reforma fiscal, que afectaría a más de 40 millones de personas, incluyendo residentes permanentes y trabajadores con visas temporales. Los ciudadanos estadounidenses, por supuesto, están exentos. Porque, claro, ¿para qué gravar a los locales cuando puedes sacarle jugo a quienes ya están en desventaja?
Trump y su obsesión por las remesas: el spin-off que nadie pidió
Como si el impuesto no fuera suficiente, el expresidente Donald Trump decidió sumarse a la fiesta con su anuncio de “acabar con las remesas” para migrantes indocumentados. ¿Detalles? Cero. ¿Coherencia? Menos. Pero hey, ¿quién necesita políticas bien fundamentadas cuando tienes un memorando presidencial escrito en servilletas de Truth Social?
Mientras tanto, expertos en migración y economistas se rascan la cabeza preguntándose: “¿En qué universo esto no empeorará la migración irregular?” Spoiler: en ninguno. Manuel Orozco, del Diálogo Interamericano, lo resumió perfectamente: “Reducir las remesas es como quitarle la cuerda a un barco salvavidas y esperar que flote”. Pero, ¿qué sabe él? Seguro los legisladores tienen un plan maestro… o no.
Oklahoma, el pionero en cobrar por la nostalgia
Para los amantes de los datos curiosos: Oklahoma ya probó esta idea en 2009 con un impuesto estatal a las remesas. ¿Resultado? Un fracaso tan sonado que ni siquiera los otros 17 estados que lo consideraron se atrevieron a copiarlo. Pero, como en política lo importante es repetir los errores, aquí estamos.
Los defensores del impuesto, como Mark Krikorian del Centro de Estudios de Inmigración (sí, ese lugar donde estudian cómo hacer la vida más difícil), argumentan que esto “desincentivará la migración”. Porque, obvio, la solución a un problema complejo es… ¡hacer que la gente pobre tenga menos dinero! Lógica impecable.
Mientras tanto, la Casa Blanca y el Departamento del Tesoro siguen en modo “no hemos visto ese memo”. O tal vez están demasiado ocupados buscando una calculadora para ver cuánto recaudarán antes de que la economía colapse.
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