El día que Colombia recordó que el “posconflicto” es un término relativo
Porque nada dice “vamos a conmemorar un aniversario” como una serie de explosiones que dejan civiles heridos y un país preguntándose si el acuerdo de paz fue solo un sueño febril de 2016. Este martes, facciones disidentes de las FARC —sí, esos mismos que juraron dejar las armas— decidieron que el mejor homenaje a un líder guerrillero muerto era convertir el suroeste de Colombia en un escenario de caos digno de una película de acción mal escrita.
Motocicletas explosivas y carros bomba: el menú del terror
En Cali, la ciudad que ya tiene suficiente con su tráfico infernal, una moto cargada de explosivos decidió que el barrio Meléndez necesitaba más adrenalina. Resultado: una persona muerta y tres heridas, porque nada une más a una comunidad que el pánico colectivo. Mientras tanto, en el barrio Manuela Beltrán, otro artefacto hizo su debut, aunque aquí la policía aún está contando los daños como si fuera el final de un examen sorpresa.
Pero esperen, ¡hay más! Porque en Los Mangos, otra moto con ínfulas de cohete espacial aceleró frente a una estación de policía y —sorpresa— explotó. El coronel Manrique Cornejo, con la calma de quien narra un partido de fútbol, explicó: “Una persona en moto aumenta la velocidad, pasa los controles… y boom”. Gracias, capitán Obvio.
Y por si alguien pensaba que esto era un evento localizado, en Jamundí (porque la violencia también es metropolitana) otro explosivo dejó solo daños materiales. Menos mal, porque destruir propiedad pública es claramente más ético que lastimar personas. Ah, y no olvidemos el carro bomba en zona rural: tres heridos, porque la exclusividad de los ataques urbanos es cosa del pasado.
El guiño macabro: aniversarios que nadie pidió celebrar
Según el ejército, estos ataques simultáneos —que incluyeron los municipios de Corinto y El Bordo— serían un “homenaje” al tercer aniversario de la muerte de un líder guerrillero. Porque nada honra más la memoria de alguien que sembrar el terror en su nombre, ¿verdad? El cerebro detrás de esta joya operativa sería alias “Iván Mordisco”, cuyo nombre suena más a villano de telenovela que a cabecilla de una disidencia armada. Eso sí, con una recompensa de un millón de dólares, hasta Batman pensaría en cambiar de bando.
Este señor, por cierto, abandonó en 2024 las negociaciones de paz con el gobierno de Gustavo Petro —el primer presidente izquierdista de Colombia—, demostrando que algunos prefieren el drama a la diplomacia. Desde entonces, el ejército retomó sus operaciones, porque en este país el “cese al fuego” a veces dura menos que la batería de un celular en modo videojuego.
¿Qué sigue? Más operativos, más declaraciones, más promesas de seguridad. Mientras tanto, los civiles atrapados en este juego de poder siguen pagando el precio. Comparte esta nota si crees que el conflicto colombiano merece más que indiferencia, y explora nuestro contenido para entender cómo llegamos aquí. #ColombiaSinViolencia




