Un encuentro que mezcla política, tecnología y un himno generacional
Mientras aquí dormíamos, la presidenta Claudia Sheinbaum ya estaba en Barcelona. Su agenda oficial incluía una visita al Barcelona Supercomputing Center, buscando acuerdos tecnológicos entre México y Cataluña.
Pero el momento que realmente capturó la atención ocurrió entre reuniones. Ahí estaba él: Joan Manuel Serrat. El cantautor acompañó a la mandataria junto a otros funcionarios españoles durante el recorrido.
Lo curioso es que, de todo el grupo, fue solo con Serrat con quien Sheinbaum decidió tomarse una foto para sus redes. La publicación no dejaba lugar a dudas sobre lo que significaba para ella.
“Me dio mucha emoción y alegría conocer en persona a Joan Manuel Serrat, un símbolo de la música y la resistencia”
Esa palabra, resistencia, carga con décadas de historia. Porque la relación de Serrat con México es profunda y viene de lejos. En los 70, el régimen franquista emitió una orden de búsqueda contra él.
El artista no pudo volver a España y encontró refugio en México. Aquí echó raíces tan fuertes que transformaron por completo su sentido de pertenencia.
“Yo me siento profundamente ligado a México, no es verdad que tengamos una patria a cada lado, sino las dos en cada una”
Así lo ha dicho el propio Serrat. No se trata de tener dos países separados, sino de llevar ambos dentro. Esa dualidad cultural define gran parte de su legado.
Hoy, décadas después, ese vínculo se refleja en un saludo protocolario que dejó de ser solo eso. Fue el cruce entre una jefa de estado millennial y un ícono musical cuya obra ha sido banda sonora de luchas sociales.
Un apretón de manos que resume cómo la cultura trasciende fronteras y administraciones. Y cómo ciertos artistas logran convertirse en puentes entre realidades políticas muy distintas.




