La noche que Ricardo Montaner le recordó a México por qué es leyenda
El martes, el Auditorio Nacional vibró como en sus mejores tiempos. Faltaban 10 para las 9, y cuando el venezolano apareció con su smoking negro, sin corbatín y con esos tenis blancos que ya son su firma, el público soltó el primer grito de la noche. Abrió con “Yo que te amé” y, créanme, ya estaba todo dicho.
Los 90s volvieron con todo. “Será”, “A dónde va el amor”, “Castillo Azul”, “El poder de tu amor”… La gente coreaba cada nota. Montaner, sin libreto, soltó: “No tengo un discurso escrito, solo dejo que fluya. Y a juzgar por esto, puede ser una de mis mejores noches”. Spoiler: tenía razón.
“No tengo un discurso escrito para decirles, sólo dejo que las cosas vayan fluyendo según lo que me suceda acá arriba en las primeras canciones, y a juzgar por eso puede ser una de mis mejores noches”
Y justo antes de salir, le llegó la noticia: nueva fecha en CDMX para el 4 de agosto. El tour “El último regreso” se alarga, y nadie se queja.
El momento más íntimo. Montaner se sentó con una taza de té caliente, como si estuviera en una bohemia con amigos, y cantó clásicos como “Sólo con un beso”, “La mujer de mi vida” y “Ojos negros”. La conexión era tan real que hasta los que no lloraban, lo hicieron.
Luego vino la fiesta: “Cachita” y “La Conga” pusieron a bailar hasta al más serio. El grito de “otra, otra” se escuchó fuerte, y cuando Montaner volvió tras “Me va a extrañar”, el amor era palpable.
Lo nuevo también pegó. Anunció “Para que seas feliz”, su colaboración con Edén Muñoz en regional mexicano, apenas dos semanas de estreno. Y el público la recibió como si fuera un clásico de toda la vida.
El cierre fue con “Déjame llorar”, “Gloria de Dios” y “Tan enamorados”. La gente de pie, aplaudiendo sin parar. Montaner, emocionado, gritó: “¡Gracias México!”, repartió playeras y se fue bailando. 38 años de historia, y parece que apenas empieza.




