Espectáculos
June y John o cómo Luc Besson recicla el amor con estilo
Una fórmula clásica con chispazos de genialidad: Besson revive el amor en la era de las citas fallidas.

Cuando el cliché se viste de nostalgia (y le queda bien)
Ah, José Luis Perales. Ese poeta de lo cursi que nos enseñó que llamar “Libertad” a un barco es profundísimo. Pues bien, su espíritu meloso sobrevuela June y John, la última obra maestra (o eso cree su director) de Luc Besson, quien, al parecer, decidió que el siglo XXI necesita más historias de opuestos que se atraen… como si no tuviéramos suficientes en Netflix.
John: el héroe que nadie pidió (pero todos merecemos)
Imaginen a un tipo que sigue una rutina más predecible que el final de una telenovela: corre a las 6 AM, llega a la oficina puntual y, oh sorpresa, es tan carismático como un ladrillo. ¿El resultado? Citas canceladas, un jefe que lo ignora y hasta el conserje lo esquiva. ¡Vaya, qué original! Pero tranquilos, porque aquí llega June, la chica “alocada y espontánea” (léase: caótica en un nivel que haría temblar a un terapeuta) para salvarlo de su aburrimiento existencial. ¿Dónde hemos visto esto antes? En todas partes, querido lector. En todas partes.
Eso sí, Besson tiene la delicadeza de no complicar las cosas con subtramas innecesarias. Nada de aliens, conspiraciones o giros inesperados. Solo dos personas enamorándose mientras recorren Los Ángeles, esa ciudad donde, según el filme, el sol siempre brilla y los homeless son meros extras pintorescos. ¡Qué romántico!
Lo que salva el barco (o en este caso, la película)
Aquí es donde el sarcasmo da paso a un mínimo elogio: la química entre los protagonistas es tan palpable que casi hace olvidar el guión predecible. Matilda Price, con su sonrisa de “soy libre como el viento pero también tengo daddy issues”, y Luke Stanton Eddy, interpretando al típico hombre blanco deprimido que redescubre la vida gracias al amor, logran que, contra todo pronóstico, te importe su historia. O al menos, que no abandones la sala.
Y hablando de salas: 94 minutos de duración. Lo justo para no morir de aburrimiento, pero suficiente para preguntarse: ¿realmente necesitábamos otra road movie romántica? Besson parece creer que sí, y lo hace con una fotografía tan luminosa que casi duele los ojos. Cielos azules, atardeceres dorados y, por supuesto, esa libertad que todos anhelamos… hasta que recordamos las cuentas por pagar.
¿Vale la pena verla? Si te gustan las historias donde todo sale bien (y donde el conflicto más grave es que a John le cancelen una cita en Tinder), esta es tu película. Tres estrellas, ni una más, ni una menos. Porque, seamos honestos, no reinventa la rueda, pero al menos la pinta de colores bonitos.
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Espectáculos
Bad Bunny lanza mensaje de unidad continental en el Super Bowl
El artista usó un balón con un potente mensaje de inclusión continental durante el show más visto del año, generando reacciones encontradas.

El gesto que resonó más fuerte que la música
Bad Bunny no solo llevó su reggaetón al escenario más grande del continente. Trajo una declaración de principios. En pleno espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX, el puertorriqueño mostró a cámara un balón de fútbol americano con una frase escrita en blanco: “Juntos, somos América”.
“América no solo es Estados Unidos, América somos todos”
Eso fue lo que muchos usuarios latinoamericanos celebraron en redes. El detalle no fue casualidad—fue el remate perfecto para una puesta en escena cargada de simbolismo.
Un desfile de banderas como colofón
La cosa no terminó con el balón. Para cerrar, Bad Bunny desplegó banderas de países de todo el continente: desde Chile y Argentina hasta Jamaica, Canadá y, por supuesto, Puerto Rico. Fue un abrazo visual a toda América.
El marcador del estadio completó el mensaje con otra frase: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”. Un guiño directo al activismo que ha caracterizado al artista, especialmente en temas migratorios.
Las reacciones no se hicieron esperar. En redes hubo quien lo llamó “un llamado a todos los humanos a convertirse en humanos unos con otros”. Otro usuario resumió bien la jugada: “Durante toda su presentación, Bad Bunny protegió ese balón como un jugador hasta llegar al touchdown”.
Pero claro, en este mundo dividido, no podía faltar la polémica. Donald Trump entró al quite desde Truth Social para tildar la actuación de “una vergüenza a la grandeza de Estados Unidos” y “uno de los peores de la historia”.
Lo irónico—y lo genial—es que Bad Bunny empezó su discurso con un “God Bless America”. Un gesto que algunos vieron como puente, no como provocación. Como dijo un usuario: “Reconocer a todo un continente no es provocación, es educación”.
Al final, más allá de si te gusta su música o no, el tipo logró algo raro: que 100 millones de personas hablaran por unos minutos sobre unidad continental. Y en tiempos como estos, eso ya es un touchdown.
Espectáculos
Bendito Corazón, el fenómeno low cost que arrasa en cines
Una película filmada en 9 días con bajo presupuesto supera a grandes producciones de Hollywood en taquilla.

El milagro de la taquilla que nadie vio venir
Grabada en solo nueve días y con una inversión mínima de 1.5 millones de pesos, Bendito Corazón se convirtió en la sorpresa del año. En dos semanas, cerca de 700 mil personas la vieron, colocándola como el tercer estreno más visto del 2026.
Solo la superan La empleada y Exterminio: el templo de huesos. Lo increíble es que le ganó a películas con nominaciones al Oscar y a estrenos hollywoodenses del mismo día. La diferencia fue de unos 100 mil boletos.
¿De qué va esta película que conectó tanto?
Protagonizada por Lisset, Salvador Zerboni y Frank Rodríguez, cuenta una historia basada en un milagro del siglo XIX relacionado con el Sagrado Corazón de Jesús. Sigue a una pareja española que enfrenta un problema con la bebida y encuentra una solución inesperada.
Frank Rodríguez, quien también es coproductor, no puede creer el éxito. >”Para esta nuestra expectativa eran 150 mil asistentes y ya ha cuatriplicado eso”, confiesa.
El secreto parece estar en un público inesperado: los mayores de 60 años. Un sector que ya no frecuenta tanto las salas pero que esta vez las llenó. El equipo lo supo gracias a más de 3 mil fotos que la gente les envió por redes sociales.
Rodríguez comparte un comentario revelador: >”De pronto hay alguien que dice: ‘ya vi la película, no me gustó… pero soy joven, no soy su público. Llevé a mi abuelita y le encantó’.”
El resultado económico es un sueño. Los productores ya recuperaron diez veces la inversión inicial. Rodríguez reflexiona sobre las razones: >”Quizá fue porque estuvo Zerboni y no Gael García… No sabemos, pero sí que fue algo irrepetible”.
Y el fenómeno se expande. Este fin de semana llegó a 29 pantallas en Estados Unidos. Pronto estará en Perú, El Salvador y otros países. En México, sigue fuerte en 760 salas porque las cadenas decidieron mantenerla.
Una lección clara: a veces, una buena historia bien contada vale más que todos los efectos especiales del mundo.
Espectáculos
‘Chicas tristes’ lleva el cine mexicano joven a Berlín
La ópera prima ‘Chicas tristes’ competirá en la Berlinale, contando una historia de amistad y trauma desde una óptica femenina.

Una historia de piscinas, amigas y un silencio que rompe todo
Rocío Guzmán, de 22 años, todavía no se lo cree. Su primer protagónico en cine, Chicas tristas, acaba de ser seleccionado para la sección Generation del Festival Internacional de Cine de Berlín. La película competirá contra otras ocho cintas internacionales.
“Se siente irreal, todavía no termino de creérmela, creo que hasta que llegue allá me daré cuenta de todo esto”, dice la actriz.
La cinta es la ópera prima de Fernanda Tovar y sigue a dos adolescentes nadadoras competitivas. Su vida da un vuelco tras un acto de violencia sexual en una fiesta. La historia explora cómo intentan ponerse de acuerdo para actuar después del trauma.
Una mirada construida con cuidado
Lo más valioso aquí, según Guzmán, es la perspectiva. “Mi personaje es el que acompaña a la sobreviviente. Es una historia contada desde una óptica femenina, contada por mujeres… siendo un proceso cuidado y con mucha empatía hacia el tema”, explica.
El rodaje no fue fácil. Rocío y su co-protagonista, Darana Alvarez, tomaron clases de natación. Pero el verdadero trabajo fue emocional. El equipo constantemente les preguntaba cómo se sentían ante escenas tan complejas.
“Nos preguntaban si estábamos de acuerdo en lo que estaba por pasar con los personajes… Lo que yo hice fue abordarlo desde la empatía, porque cada quien tiene una reacción diferente”, subraya Rocío.
Producida con apoyo del Eficine, Chicas tristes se medirá en Berlín contra películas de Países Bajos, Suiza, Colombia y Chile. En el elenco también están Mónica del Carmen y el músico Tomás García Agraz.
Para una generación criada entre hashtags y conversaciones urgentes, esta película llega en el momento justo. No es solo un debut: es un testimonio filmado con delicadeza.

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