Un “encuentro cordial” que prefirió empezar en la calle
Irapuato y Chivas decidieron “medirse” este domingo en un partido de pretemporada en el Estadio Sergio León Chávez. La idea, en teoría, era cerrar el año 2025 con un bonito espectáculo deportivo. Pero, oh sorpresa, el duelo se vio “ligeramente” manchado por un pequeño aperitivo de gresca y desmadre a las afueras del recinto horas antes. Porque nada dice “espíritu deportivo” como empezar la función con un intercambio de opiniones (y objetos contundentes) en el aparcamiento.
La visita del Rebaño Sagrado a la casa de la Trinca Fresera generó, cómo no, un gran movimiento de la afición rojiblanca hacia Irapuato, en Guanajuato. Un lugar donde, según se rumorea, los seguidores del cuadro local son de una pasión… digamos, “efusiva”. Total, un cóctel perfecto: equipo grande de visita, afición local con fama de intensa y un partido sin puntos en juego. ¿Qué podría salir mal? Spoiler: todo.
El precalentamiento fue más intenso que el partido
Un par de horas antes del saque inicial, los hinchas de ambos conjuntos tuvieron un “encuentro fortuito” en una vía aledaña al coliseo. En ese mágico momento, se desató un intercambio cultural de insultos y proyectiles varios. Afortunadamente, según las imágenes, “no pasó a mayores”. Claro, porque lanzar latas y vasos de cerveza al rival es solo una forma arcaica de decir “te doy la bienvenida”.
En un video que circuló por redes sociales —porque si no hay video, no existe— se observa con toda claridad cómo un grupo de seguidores del Irapuato emprende una “carrera de aproximación amistosa” hacia donde se encontraban algunos aficionados de Chivas. El menú del día: bebidas refrescantes… lanzadas a alta velocidad. Un detalle de “hospitalidad” local, sin duda.
Y, en una escena que nos llena de orgullo y tradición, como en tantos otros escenarios del fútbol mexicano, se podía observar la siempre educativa presencia de menores de edad cerca de la trifulca. Porque ¿qué mejor plan familiar que enseñar a los niños los valores del deporte? Mientras, un nutrido grupo de asistentes cumplió el rol de “público espectador”, apostados a la orilla de la calle, viendo el espectáculo previo como si fuera el prólogo de una obra de teatro. La cultura del “se mira, pero no se mete” en su máxima expresión.
La caballería llega, pero la función debe continuar
Al ver que la “discusión acalorada” escalaba de tono, hizo su grandiosa entrada la policía montada. Acompañada de refuerzos en camionetas, su misión era clara: tratar de salvar la integridad de los terceros y, de paso, la de los propios “debatiendo” a golpes. Un recordatorio de que, a veces, el operativo de seguridad fuera del estadio es más complejo que la táctica de los equipos dentro del campo.
Al final, el partido se jugó. Los futbolistas hicieron su trabajo, la pelota rodó y todos se fueron a casa. Pero la anécdota, la que realmente genera clicks y conversación, ya había ocurrido. Otro capítulo en la interminable serie de la violencia en el fútbol, disfrazada de “incidente aislado” en un “amistoso”. Una triste y repetida comedia de errores donde la pasión se confunde con la licencia para la idiotez, y un encuentro deportivo necesita más protección en las gradas y sus alrededores que en el área chica.
¿La moraleja? Que en México, a veces, los partidos sin competición son los que generan mayor competencia por ver quién la riega más. Y que el único “rebaño” que debería estar descontrolado es el de las ovejas, no el de los aficionados.
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