Una Lección de Humildad (Con Sabor a Ponche) en el Bronx
Parece que los Medias Rojas de Boston decidieron que ya era suficiente de ser el felpudo de los Yankees por un fin de semana. En un giro de eventos que nadie, absolutamente nadie, vio venir (bueno, quizás sus madres), desataron una ofensiva de seis carreras en la primera entrada. Porque, ¿qué mejor manera de evitar una barrida humillante que anotando más carreras en una sola entrada que en los dos juegos anteriores juntos? Will Warren, el pobre lanzador de los Yankees, debe haber pensado que se había subido al montículo equivocado en una pesadilla recurrente.
Y luego está Garrett Crochet. El hombre, el mito, la leyenda… del ponche. Igualó su récord de la temporada con 12 ponches, lo que básicamente se traduce en que hizo ver a la alineación de los Yankees como si estuvieran bateando con escobas. Doce veces. Uno casi puede sentir la brisa desde las gradas. Crochet (16-5) permitió tres carreras y cinco hits en seis entradas, demostrando que cuando tienes un brazo que lanza rayos, no necesitas mucha más estrategia.
El Jonrón que Silenció (Temporalmente) el Bronx
La cereza del pastel, o más bien el martillazo en el ataúd de las esperanzas yankees, llegó con el jonrón en solitario de Carlos Narváez. Porque nada dice “no hoy” como mandar la pelota a dar un paseo fuera del parque. Amed Rosario, en un acto de solidaridad ofensiva, añadió un jonrón de dos carreras, y José Caballero decidió que también quería unirse a la fiesta con uno solitario. Parecía un derroche de poder que surgió de la nada, o quizás solo fue la ley de promedios ajustándose después de una sequía.
No todo fue miel sobre hojuelas para Boston. Aaron Judge, en su eterna búsqueda por romper todos los récords posibles, conectó su 48º jonrón. Una hazaña impresionante, sin duda, pero que en este contexto se sintió como un premio de consolación. “Sí, nos barrieron en la serie, pero ¡miren mi jonrón!” es un consuelo un tanto patético. Los Yankees, que habían ganado 14 de sus últimos 19 encuentros, recibieron una pequeña dosis de realidad: por muy bueno que seas, a veces te encuentras con un Crochet en un día inspirado.
El mexicoamericano Jarren Duran tuvo una noche decente de 4-1 con una anotada, mientras que el venezolano Carlos Narváez, el héroe del cuadrangular, terminó 4-1 con una anotada y una impulsada. Aroldis Chapman, por su parte, lanzó la novena para su 30º salvamento en 32 oportunidades, cerrando un juego que, seamos honestos, nunca pareció realmente en peligro después de esa primera entrada catastrófica para Nueva York.
Warren (8-7) duró cinco entradas, permitiendo diez hits. Cinco entradas que probablemente sintió como una eternidad. Boston no solo detuvo una racha de tres derrotas consecutivas, sino que se colocó a solo juego y medio detrás de Nueva York por el primer comodín de la Liga Americana. Los Yankees, por su parte, cayeron a cuatro juegos detrás de Toronto, líder de la División Este de la Liga Americana. Una noche para el olvido en el Bronx, y una para recordar para los aficionados de Boston.
¿La moraleja de la historia? Incluso en las rivalidades más intensas, a veces el otro equipo simplemente se despierta y decide jugar a beisbol. Y cuando ese equipo tiene a un lanzador que lanza fuego y a un bateador que conecta la pelota con furia, bueno, te puedes encontrar rápidamente en el lado equivocado de la puntuación.
¿Te encantó este recuento irónico de la clásica rivalidad? ¡Compártelo con otros fanáticos del deporte en tus redes sociales y no dejes de explorar más de nuestro contenido sobre la MLB!




