El arquero de Cabo Verde, Vozinha, logró su objetivo: que su madre lo viera jugar en el Mundial. Y con su actuación, fue mucho más allá.
Una actuación inolvidable
Los Tiburones Azules no ganaron un solo partido, pero su debut fue inolvidable. El equipo africano, el más pequeño en extensión territorial en llegar a una Copa del Mundo, empató sin goles ante España y luego sumó dos empates más para clasificar a octavos. Allí cayeron 3-2 ante Argentina en la prórroga, con un gol y una asistencia de Messi.
Vozinha, de 40 años, se agigantó. Contra el mejor jugador del mundo, realizó al menos cuatro atajadas clave en los últimos 60 minutos: un disparo a quemarropa que absorbió con el cuerpo, un tiro libre que rozó con la mano, un remate rasante en el descuento y un potente disparo en el tiempo extra. Cada intervención mantuvo con vida a su equipo.
Cabo Verde, con una población que equivale al 1% de la de Argentina, recibirá 11 millones de dólares de la FIFA. Más que el dinero, los Tiburones Azules se ganaron un lugar en la memoria del fútbol mundial.




