Un día para olvidar en Melbourne
Coco Gauff descargó su frustración contra el concreto. Siete golpes de raqueta marcaron el final de su paso por el Abierto de Australia, tras caer ante Elina Svitolina por un contundente 6-1, 6-2 en apenas 59 minutos.
Fue un partido atípico para la número tres del mundo. Su servicio, normalmente un arma letal, se desmoronó con cinco dobles faltas solo en el primer set. La estadística no miente: apenas tres golpes ganadores en todo el encuentro y 26 errores no forzados.
La búsqueda de un momento privado
Lo más llamativo vino después del punto final. Gauff mantuvo la compostura al salir de la pista central, pero necesitaba liberar la presión acumulada. El problema es que en un estadio como el Rod Laver, la privacidad es casi un lujo.
“Ciertos momentos… siento que no necesitan ser transmitidos,” admitió Gauff en conferencia. “Intenté ir a un lugar donde pensé que no había una cámara porque no necesariamente me gusta romper raquetas”.
La joven estrella recordó incluso una promesa que se había hecho a sí misma tras un incidente similar en Roland Garros: nunca volver a hacerlo en público. Sabía que no era el mejor ejemplo, especialmente para los más jóvenes que la admiran.
Más que una raqueta rota
Detrás de ese gesto hay algo más profundo. Gauff explicó su razonamiento con una madurez que sorprende para sus 21 años.
“Son buenas personas. No merecen eso, y sé que soy emocional,” dijo refiriéndose a su equipo. “Así que sí, solo me tomé un minuto para ir y hacer eso. No creo que sea algo malo… sé que necesito liberar esa emoción”.
Prefirió descargar su frustración contra un objeto inanimado antes que dirigirla hacia las personas que la apoyan día a día. Esa elección habla de su carácter y del respeto por su entorno.
Los grandes campeones también tienen días malos. Lo importante es cómo los gestionan. Coco, campeona del US Open con solo 19 años, demostró hoy una lección valiosa: a veces hay que soltar la presión para seguir avanzando.
La derrota duele, pero no define. Mañana habrá otro entrenamiento, otra oportunidad. El tenis, como la vida, sigue.




