El eterno segundo violín en la orquesta de Red Bull
Parece que Sergio ‘Checo’ Pérez finalmente ha decidido contarnos la versión no oficial del manual de supervivencia para ser el “otro piloto” en Red Bull. Resulta que no era ningún misterio que el mexicano no era precisamente el consentido de la piñata en la escudería austriaca. Durante una eternidad, su existencia transcurrió en lo que amablemente llaman “la sombra” de su compañero Max Verstappen, como si fuera un mueble de lujo pero mueble al fin. Logró ser subcampeón del mundo, un título glorioso que básicamente significa “el casi, pero no”, y tras su más que comentada salida, quedó esa deliciosa sensación de que, por más que lo intentó, obtener el respeto de los directivos era una misión tan probable como encontrar un unicornio en el paddock.
La confesión programada: Saber tu lugar es la clave
En una reveladora charla con Luis Manuel ‘Chacho’ López, nuestro héroe decidió bajar la cabeza… pero con estilo. “Checo”, en un acto de realismo digno de un tratado de filosofía, reconoció el talento del tetracampeón y, oh sorpresa, el lugarcito que le habían asignado a él en el ecosistema Red Bull. “Yo sabía desde el día 1 cuando llegué el papel que tenía“, declaró, como si le hubieran entregado un contrato que decía “Tú callas y conduces”. “Sabía que este proyecto había sido hecho y desarrollado para Verstappen, que es un pilotazo, yo creo que se va a convertir en el mejor piloto en la historia del deporte“. Una declaración tan humilde que casi duele. “Entonces este deporte está hecho para él“, añadió, pintando un cuadro donde la F1 es un traje a medida para Max y los demás somos invitados incómodos a la fiesta.
Y luego vino la perla de la sabiduría estratégica: “al final cuando yo llegué y empecé a poner nervioso al proyecto, sabía que había muchos intereses de por medio“. Traducción: “Cuando empecé a ganar carreras y a complicar el guion preestablecido, el ‘sistema’ empezó a pestañear de forma alarmante”. Su conclusión maquiavélica fue sublime: “No me podía enfrentar al sistema, entonces tenía que ser inteligente y pensar en lo que venía a futuro“. O sea, mejor ser un genio táctico que un mártir sin equipo. ¿Quién dijo que en la F1 no se juega al ajedrez?
Las consecuencias: ¿Alguien recuerda al piloto anterior?
Pero no contento con desvelar las entrañas del “proyecto Verstappen”, el mexicano también se aventuró a analizar la crisis post-su-salida en Red Bull. “Mira ahora, ves a los otros pilotos, lo que han durado, lo que han hecho“, comentó, con la picardía de quien sabe que es un deporte de memoria corta. Ser parte de la escudería de energía, aparentemente, no solo requiere manejar un monoplaza, sino también manejar la narrativa. “Hoy ya nadie se acuerda que había otro piloto en Red Bull“, sentenció, en lo que parece ser la ley natural del automovilismo: fuera de vista, fuera del recuerdo colectivo. “Tienes que, no sólo manejar lo que dice, hay que lidiar con toda la parte externa que como pilotos o deportistas vivimos afuera“, concluyó, porque al final, en este circo, no basta con ser rápido; hay que ser también un equilibrista en la cuerda floja de la opinión pública y los intereses creados. Una verdadera masterclass de cómo sobrevivir en una jaula de leones… donde solo hay un domador.
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