Porque el deporte es negocio (y no solo para los fisioterapeutas)
Ah, Aguascalientes, ese lugar famoso por sus aguas termales y, aparentemente, por convertirse en el nuevo patio de recreo de los deportistas nacionales. La gobernadora Tere Jiménez Esquivel anunció con bombo y platillo (y seguramente un PowerPoint lleno de gráficas ascendentes) que el estado albergará cuatro competencias deportivas en los próximos meses. ¿El premio? Una derrama económica de 75 millones de pesos. Porque nada une más a la gente que el sudor ajeno y el dinero moviéndose.
Se espera la llegada de más de nueve mil personas, entre atletas, entrenadores, turistas y, supuestamente, esos seres mitológicos que viajan solo para “alentar” pero terminamos en un bar viendo el evento por streaming. La gobernadora, en un arrebato de poesía turística, declaró: “Queremos que el mundo conozca las maravillas naturales del territorio nacional y la grandeza de nuestra historia”. Claro, porque nada dice “grandeza histórica” como un Hyathlon o un campeonato de limalama (sí, eso existe).
Infraestructura de oro (o al menos de medalla de plata)
La secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez Zamora, no se quedó atrás en el festival de elogios: “Aguascalientes tiene una infraestructura deportiva impresionante”. Y sí, ¿qué otro estado puede presumir albercas olímpicas, velódromos y estadios de primer nivel? Bueno, aparte de CDMX, Guadalajara, Monterrey… Pero ¡eh!, aquí el turismo deportivo es “único”.
Por si fuera poco, José Luis Sosa Limón, presidente del Consejo Mexicano de Turismo Deportivo (COMETUD, porque todo buen proyecto necesita un acrónimo impronunciable), aseguró que esto pondrá a Aguascalientes en el mapa. ¿En qué mapa? En el de los eventos deportivos que generan derrama económica, claro. Porque, al final, lo importante no es competir, sino dejar los billetes en el estado.
Los eventos incluyen desde el Campeonato Nacional Supremo de baloncesto (donde, seguramente, todos miden más de dos metros) hasta el Gravel “El Gigante de México” (spoiler: no incluye gigantes, solo ciclistas sufriendo en terracería). Y no podía faltar el limalama, ese arte marcial que suena a postre exótico pero que, según dicen, es más intenso que una sobredosis de café.
¿El objetivo final? Que Aguascalientes deje de ser solo “el lugar de los carnavales” para convertirse en “el lugar donde te rompes un tobillo en competencias nacionales”. Y, de paso, que los hoteleros y restauranteros froten sus manos con alegría ante la llegada de miles de visitantes con hambre… de victoria (y tacos).
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