El Chapo no se rinde: ahora quiere hablar con su abogado (y el juez lo sabe)
Parece que Joaquín “El Chapo” Guzmán, el exjefe del Cártel de Sinaloa que hizo del narcotráfico un arte y de los túneles su marca personal, está teniendo un año particularmente frustrante. No solo está encerrado en la prisión de máxima seguridad de Florence ADMAX (aka “el Alcatraz de las Rocosas”), sino que ahora tiene que rogar por algo tan básico como una llamada telefónica con su abogado. ¿Ironía? Absolutamente. ¿Drama? Sobra.
La carta que nadie esperaba (pero todos imaginamos)
En un giro que nadie vio venir (mentira, todos lo vimos venir), el Chapo le escribió al juez Brian Cogan, el mismo que lo mandó a pudrirse en prisión de por vida, para quejarse de que no puede comunicarse con su defensor, Israel José Encinosa. Según el texto, lleno de errores ortográficos y repeticiones dignas de un alumno de secundaria que no hizo la tarea, el gobierno lleva meses negándole el acceso a su abogado, a pesar de que el juez ya lo autorizó. ¿Burocracia? ¿Castigo extra? ¿O simplemente el karma siendo karma?
“Amable Juez Brian Cogan…” (así empieza, porque el Chapo sabe que la cortesía abre puertas, incluso las de una celda de máxima seguridad). En la misiva, el capo explica que su abogado lleva diez meses intentando visitarlo y que, aunque el juez dio luz verde hace tres semanas, las autoridades penitenciarias siguen sin cooperar. ¿Alguien dijo “trámites innecesarios”?
No es la primera vez (y probablemente no será la última)
Esto no es nuevo. En 2024, el Chapo ya había pedido ayuda al mismo juez para hablar con sus hijas mellizas, acusando discriminación porque el FBI supuestamente ignoraba sus solicitudes. “Es un castigo sin precedentes”, dijo entonces. Ahora, repite la fórmula, pero cambiando “hijas” por “abogado”. ¿Estrategia legal o desesperación? Quién sabe, pero definitivamente es un recordatorio de que hasta el narcotraficante más poderoso del mundo puede terminar esperando una llamada que nunca llega.
Por si alguien lo olvidó: Guzmán fue extraditado a EE.UU. en 2017, condenado en 2019 y desde entonces vive en una celda donde el lujo más grande es… bueno, probablemente un lápiz para escribir cartas. Su juicio fue llamado “el juicio del siglo”, lleno de testimonios explosivos, sobornos millonarios y hasta un fugitivo que se escapó por un túnel (sí, ese fue él). Ahora, su batalla es más mundana: que le pasen el teléfono.
¿Moraleja? Incluso los capos más legendarios terminan atrapados en el peor infierno: el sistema penitenciario estadounidense.
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